MURIÓ SU PAREJA Y EL DERECHO NO BASTÓ

Puedes compartir años de tu vida con alguien, dormir bajo el mismo techo, construir un patrimonio y acompañarlo hasta su último día. Pero cuando muere, resulta que todo eso puede no ser suficiente.

Jorge Luis perdió a su pareja, otro hombre con quien había construido una historia de vida. Y ahora enfrenta una batalla que ninguna persona debería librar mientras atraviesa el duelo: defender el lugar que le corresponde en esa historia.

Porque cuando muere alguien, no solamente aparecen el dolor y los recuerdos. También pueden aparecer familiares, abogados, documentos y disputas por dinero.

Y cuando hablamos de una pareja del mismo sexo, hay algo que tampoco podemos ignorar: los prejuicios.

Durante años, muchas parejas homosexuales tuvieron que luchar para que sus relaciones fueran reconocidas. Hoy tienen derechos, pero eso no significa que ejercerlos sea fácil.

En México, el concubinato puede generar derechos sucesorios. El problema es demostrarlo cuando hay un patrimonio de por medio y personas dispuestas a disputarlo.

Y aquí viene lo verdaderamente indignante.

Mientras unos tienen dinero para abogados y pleitos interminables, otros apenas tienen recursos para defender lo que construyeron.

No se trata de condenar familiares ni notarios sin pruebas. Se trata de cuestionar un sistema donde la falta de un testamento puede desatar una guerra.

Porque una pareja de dos hombres no vale menos que ninguna otra familia.

Y esta es mi lectura: Jorge Luis no debería tener que demostrar que su amor valía lo mismo que el de los demás.

La ley debe proteger derechos, no obligar a las personas a pelear eternamente para que su historia sea reconocida.

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