¿Qué tienen en común una lavadora, las llantas de tu automóvil, el aire acondicionado de tu casa y los alimentos que compras en el supermercado? Todos pueden encarecerse cuando importar mercancías se vuelve más complicado. Y eso podría ocurrir con la reforma a la Ley Aduanera aprobada el 6 de octubre por la Cámara de Diputados, con 334 votos a favor y 119 en contra.
La iniciativa, pendiente de aprobación en el Senado y prevista para entrar en vigor en enero de 2027, busca combatir la subvaluación: declarar mercancías por debajo de su valor real para pagar menos impuestos. Para ello elimina el umbral del 50% que condicionaba determinados embargos precautorios y amplía las facultades de revisión de las autoridades.
Combatir la evasión es necesario. Pero ¿cuánto podría costarnos hacerlo?
Hablemos de números reales. Las tarifas portuarias publicadas contemplan almacenajes superiores a 2,000 pesos diarios por contenedor de 40 pies. En determinadas terminales pueden acercarse a 3,000 pesos. Las navieras, como Maersk, publican demoras de 160 a 200 dólares diarios para contenedores secos, dependiendo del tiempo transcurrido.
Supongamos un contenedor detenido 15 días adicionales, todos facturables, pagando 3,400 pesos diarios de almacenaje y 200 dólares de demora, a un tipo de cambio ilustrativo de 18 pesos. El resultado: 105 mil pesos adicionales. Si transporta 100 refrigeradores, son 1,050 pesos por unidad. Uno que costaba 12 mil podría llegar a 13,050 pesos: 8.75% más, si el comerciante trasladara todo el gasto.
Ahora pensemos en alimentos. Un contenedor refrigerado puede pagar también conexión eléctrica. Existen tarifas publicadas de 2,477.97 pesos diarios por este servicio. Sumando almacenaje, demora y electricidad, 15 días adicionales podrían representar más de 150 mil pesos por contenedor.
Si transporta 20 toneladas de alimentos, hablamos de 7.50 pesos adicionales por kilogramo. Un producto de 60 pesos podría alcanzar 67.50, un incremento de 12.5% antes de otros costos comerciales. Diez contenedores en esas condiciones acumularían más de 1.5 millones de pesos.
¿Quién absorbe semejante factura?
Pensemos también en una refaccionaria que espera alternadores, una ferretería que necesita herramientas o un hotel que aguarda equipos de refrigeración. Si las mercancías no llegan, pueden detenerse reparaciones, agotarse inventarios y aumentar los costos. Una refacción de 3,500 pesos podría encarecerse 3%, hasta 3,605 pesos. El problema no siempre es pagar 105 pesos más: también puede ser quedarse varios días sin automóvil para trabajar.
En Quintana Roo el riesgo es mayor por nuestra dependencia del turismo, el comercio, la construcción y las cadenas internacionales de suministro. Hoteles y restaurantes necesitan equipamiento, alimentos y refacciones. Si sus costos aumentan, pueden reducir utilidades, posponer inversiones o trasladar una parte a sus clientes.
Mientras destinos como Punta Cana, Jamaica, Aruba y Bahamas compiten por atraer visitantes, cualquier incremento de costos merece atención. Una habitación de 4 mil pesos que aumentara apenas 0.5% costaría 20 pesos adicionales por noche. Parece poco, pero la competitividad se construye acumulando ventajas, no multiplicando obstáculos.
Para el trabajador, el impacto puede sentirse en el supermercado, en el mantenimiento del automóvil o en la compra de electrodomésticos. Cuando los precios aumentan y el salario permanece igual, disminuye el poder adquisitivo.
Estos ejemplos son escenarios, no incrementos comprobados. La reforma no ordena retener mercancías durante 15 días ni toda diferencia de precio significa ilegalidad. Existen procedimientos de valoración y mecanismos de garantía. Tampoco podemos atribuirle anticipadamente un porcentaje de inflación o pérdida de empleos.
El desafío consiste en combatir la subvaluación sin castigar operaciones legítimas, asegurar revisiones oportunas y evitar que los costos de una controversia terminen superando el beneficio económico de la mercancía.
Porque mientras la autoridad investiga, el almacenaje continúa, las navieras cobran, los compromisos vencen y las empresas siguen pagando salarios.
La mercancía puede quedarse detenida en el puerto, pero sus costos pueden viajar mucho más lejos: hasta el bolsillo de cada ciudadano.
¡Hasta la próxima semana, con nuevos retos y oportunidades!
Sin miedo a la cima, que el éxito ya lo tenemos.





