La basura no llegó caminando.
El colchón no se abandonó solo. Las llantas no saltaron hasta el lote baldío y las bolsas no decidieron amontonarse junto a las casas. Detrás de cada basurero clandestino de Cancún hay autoridades que reaccionaron tarde, propietarios que abandonaron sus terrenos y ciudadanos que ensuciaron deliberadamente la colonia de todos.
Sí, el gobierno tiene la obligación de limpiar, vigilar y sancionar. Para eso administra recursos públicos. Pero resulta demasiado cómodo culpar únicamente al Ayuntamiento mientras alguien espera la oscuridad para arrojar su refrigerador, su escombro o la basura de su negocio donde sabe perfectamente que está prohibido.
Lo más indignante es que ese ciudadano después fotografía el tiradero, lo publica en Facebook y pregunta por qué Cancún está tan abandonado.
Cancún tiene un problema de servicios públicos, pero también uno de cinismo ciudadano.
Limpiar un terreno sirve de poco si al día siguiente nadie vigila y el vecino vuelve a utilizarlo como depósito. Colocar una lona de “prohibido tirar basura” tampoco basta cuando ensuciar no tiene consecuencias reales.
Necesitamos saber quiénes son. Cámaras, denuncias, multas y vehículos asegurados. No para organizar una cacería, sino para terminar con la impunidad cotidiana de quien contamina la calle y obliga a todos a pagar por limpiarla.
¿El basurero de tu colonia está abandonado por el gobierno o alimentado por tus propios vecinos? Probablemente por ambos.
Pero la basura no apareció sola. Alguien la llevó. Alguien lo vio. Y demasiadas personas prefirieron guardar silencio.





