La temporada de langosta en Quintana Roo no empieza solo cuando las embarcaciones salen al agua. Empieza mucho antes, en las cooperativas, en las casas de pescadores, en la reparación de redes, trampas, motores, permisos y deudas familiares que esperan el primer buen desembarque para respirar.
Este año, 2 mil 512 pescadores, agrupados en 19 cooperativas y apoyados por 447 embarcaciones menores, participan en la captura de langosta en Quintana Roo, una actividad considerada la de mayor valor económico para la pesca estatal, de acuerdo con información atribuida a la Secretaría de Desarrollo Agropecuario, Rural y Pesca. La expectativa oficial es acercarse a una producción de 600 toneladas durante la temporada que inició el 1 de julio de 2026 y concluirá el 28 de febrero de 2027.
La temporada que sostiene a miles de familias del mar
La langosta no es un producto más para las comunidades pesqueras. En Quintana Roo, representa más de la mitad del valor de toda la producción pesquera estatal, por lo que su comportamiento no solo importa a restaurantes, compradores o comercializadores. También define el ingreso de familias en Holbox, Puerto Juárez, Isla Mujeres, Punta Allen, María Elena, Mahahual, Xcalak y otras zonas costeras donde el mar sigue siendo trabajo, identidad y herencia.
Esa es la dimensión que suele perderse cuando la temporada se resume en cifras. Cada kilo capturado implica jornadas largas, navegación, riesgo, conocimiento del fondo marino y dependencia directa de condiciones que ningún pescador controla por completo: clima, corrientes, sargazo, temperatura del agua, precio de mercado y demanda.
La actividad está regulada por la NOM-006-SAG/PESC-2016, norma vigente que ordena el aprovechamiento de todas las especies de langosta en aguas de jurisdicción federal del Golfo de México, Mar Caribe, Océano Pacífico y Golfo de California. Esa regulación es parte del equilibrio necesario entre producción económica y conservación del recurso.

El sargazo también golpea al sector pesquero
El arranque de la temporada llega con una preocupación adicional: el sargazo. Aunque suele hablarse de este fenómeno por su impacto turístico, los pescadores advierten que también complica maniobras, desembarques y operación de trampas. El presidente de la Federación de Cooperativas Pesqueras de Quintana Roo, Baltazar Gómez Catzín, señaló que el recale masivo del alga afecta especialmente a comunidades del sur como Punta Herrero, Punta Allen, María Elena, Tulum y Mahahual.
El problema no está únicamente en la playa. Según los propios pescadores, en zonas donde se colocan sombras langosteras o trampas, el sargazo en descomposición puede elevar la temperatura del agua y afectar la permanencia del crustáceo, que requiere condiciones adecuadas para sobrevivir. También se han reportado dificultades para atracar lanchas, mover producto y llegar a la orilla cuando el alga cubre grandes tramos de costa.
A eso se suma la incertidumbre comercial. El kilo de langosta viva entera se ha estimado entre 350 y 450 pesos, mientras que el precio de la cola de langosta aún se mantenía sin definición al inicio de la temporada. Para los productores, esa diferencia no es menor: puede definir si una jornada alcanza para cubrir combustible, mantenimiento, pago de ayudantes y gasto familiar.
Una pesca valiosa, pero bajo presión
La importancia de esta temporada también debe leerse frente al desgaste general del sector pesquero. En febrero de 2026, reportes estatales señalaron que la producción pesquera de Quintana Roo cayó más de 40% en la última década, al pasar de 4 mil 419 toneladas en 2014 a alrededor de 2 mil 500 toneladas en 2024. En ese mismo diagnóstico, la langosta apareció como uno de los productos principales junto con mero, tiburón y cazón.
Ese dato obliga a mirar la temporada con menos romanticismo y más responsabilidad pública. La langosta sostiene ingresos, pero también depende de ecosistemas sanos, respeto a vedas, combate a la pesca furtiva, precios justos y condiciones de seguridad para quienes salen al mar.
Quintana Roo no solo manda pescadores por langosta. Manda familias completas a depender de una temporada que puede aliviar deudas, sostener hogares y mantener viva una economía costera que no siempre recibe la misma atención que el turismo. En el Caribe mexicano, el mar no es únicamente paisaje: también es trabajo, alimento y futuro.





