Quintana Roo no necesita dejar de contar turistas; necesita medir cuánto vale cada uno. En 2025 recibimos 20.2 millones de visitantes y generamos cerca de 18 mil millones de dólares de derrama. El siguiente salto no está necesariamente en traer otros millones, sino en lograr que una parte permanezca más noches, recorra más territorio y gaste más.
Existe un viajero distinto: busca historia, arqueología, gastronomía, arte, selva, fauna, buceo y conocimiento. Puede venir de cualquier continente; no lo define su pasaporte, sino su motivación. México, Belice y Guatemala podrían venderle juntos el Mundo Maya.
Imaginemos 16 noches: cinco en Quintana Roo, tres en Yucatán, dos en Campeche, dos en Guatemala y cuatro en Belice. Tulum, Bacalar, Mérida, Chichén Itzá, Calakmul, Tikal, Xunantunich, San Pedro y Blue Hole. Tres países, una civilización.
Nuestra prospección plantea un gasto cercano a 5 mil dólares por viajero. Con 50 mil serían 250 millones de dólares de actividad regional; con 100 mil, 500 millones; y con 200 mil, mil millones anuales. Si sólo la mitad fuera gasto adicional, serían 500 millones de nueva economía. Estimamos entre 8 mil y 12 mil empleos directos y hasta 20 mil sumando indirectos, varios especializados en historia, naturaleza, gastronomía, buceo, cultura e idiomas.
Además, modelando conservadoramente una captura fiscal efectiva de 10% a 14%, un corredor maduro podría generar anualmente entre 50 y 70 millones de dólares de recaudación asociada en México, 30 a 42 millones en Belice y 20 a 28 millones en Guatemala.
¿Tenemos dinero para intentarlo? Sí, sin abandonar nuestros mercados actuales.
Quintana Roo presupuestó alrededor de 789 millones de pesos para su Consejo de Promoción Turística; Campeche, 31.4 millones para promoción y publicidad; Yucatán operó un plan promocional de 109.6 millones en 2025; Guatemala programó Q182.5 millones para promoción turística en 2026 y en Belice la última cifra pública localizada reportó cerca de BZ$20 millones para marketing global.
No tomaríamos todo. Propongo un fondo anual Mundo Maya de 200 millones de pesos: 30 millones de Quintana Roo, 10 de Yucatán, 5 de Campeche, 25 de la Federación mexicana, 30 millones equivalentes de Belice y 25 de Guatemala. Los 75 millones restantes vendrían de hoteles, aerolíneas, operadores, OTAs y empresas privadas. Para Quintana Roo significaría menos de 4% de la bolsa del CPTQ.
El dinero iría a marketing especializado, operadores internacionales, aerolíneas, agencias premium, promoción en destino y una plataforma común de comercialización.
Pero una experiencia premium no puede terminar en una fila fronteriza de horas.
Necesitamos modernizar Subteniente López-Chactemal–Santa Elena y Benque Viejo–Melchor de Mencos. Estimamos entre 600 y 800 millones de pesos durante dos o tres años para carriles, módulos, tecnología, seguridad, capacitación y capital humano. Esa inversión debe ser federal y trinacional, no promocional.
La solución sería un Mundo Maya Pass: registro previo de pasaporte, vuelos, hoteles e itinerario, análisis anticipado de riesgo y carriles especializados. Cada país conservaría sus controles, pero con una meta: cruzar en menos de 30 minutos y aspirar a 10 o 15.
Empezaría con 20 mil viajeros y mediría noches adicionales, gasto, empleos, empresas creadas, recaudación, tiempo fronterizo y derrama por peso invertido. Si funciona, escalamos.
En diez años, 200 mil viajeros representarían 3.2 millones de noches-turista y hasta mil millones de dólares de actividad regional anual. Los atractivos y los viajeros ya existen; falta conectarlos.
El próximo gran mercado turístico del Mundo Maya quizá no sea un país. Puede ser un tipo de viajero.
¡Hasta la próxima semana, con nuevos retos y oportunidades!
Sin miedo a la cima, que el éxito ya lo tenemos.
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