Raíces y oficio: la huella de Matanzas
Nacido en la “Atenas de Cuba”, Matanzas, Duniesky Rodríguez Ramírez lleva en cada pieza que crea la esencia de una ciudad cuna de poetas, músicos y artesanos. Miembro activo del Fondo Cubano de Bienes Culturales (FCBC), ha dedicado su vida a dominar el lenguaje de los materiales: la madera trabajada con paciencia y respeto, el ferrocemento para esculturas de gran formato, la pintura al fresco y el arte de transformar cuernos, metales nobles y maderas nobles en obras únicas.
Su talento recibió un reconocimiento temprano: en 1996 obtuvo mención honorífica en la prestigiosa Feria Internacional de Artesanía (FIART), por una pieza excepcional tallada en cuerno de toro con incrustaciones de plata y oro. Hoy, sus esculturas, muebles de lujo y propuestas artísticas forman parte de colecciones privadas en varios países del mundo. Desde su vinculación con el FCBC en Matanzas, agradece el respaldo constante de su directiva: Félix Faustino Garcia Ruau. DirectorLázaro Muñoz More. Sub. Dtor e Ydalmi Castellini Leicea. Esp. Comercial Artes Plásticas y Aplicadas, fundamentales para hacer realidad los lazos que hoy unen a creadores de Cuba y México.
El Parador Fotográfico de Varadero: Escultura e identidad visual
Uno de los hitos más deslumbrantes en la trayectoria de Duniesky es su contribución al diseño e intervención del célebre Parador Fotográfico de Varadero. Ubicado en la intersección de la Avenida Playa y Calle 30, a pasos del mar azul turquesa, este hito urbano y paisajístico se ha consolidado como una parada obligatoria para miles de visitantes de todo el globo.
Con una composición monumental en la que convergen el volumen, el color y la resistencia estructural del ferrocemento y materiales expuestos al entorno marino, el Parador Fotográfico no solo celebra el nombre del principal balneario cubano, sino que materializa la identidad visual de la isla en el imaginario del viajero internacional. Esta obra demuestra la maestría del artista para llevar el arte plástico a la dimensión pública y utilitaria, creando un símbolo vivo de bienvenida que dialoga directamente con la arquitectura caribeña.

Cancún: la puerta a una nueva etapa
En 2010 llegó a México invitado a un encuentro cultural binacional que reunió a artistas cubanos y mexicanos. Esa visita marcó el inicio de una historia compartida: al regularizar su estatus, decidió establecerse en Cancún, ciudad que le abrió las puertas para proyectar su obra más allá de las fronteras de la isla.
Desde entonces ha participado en exposiciones organizadas por el Instituto para las Artes y la Cultura de Cancún. Destacan sus intervenciones en las celebraciones anuales por el Día de la Cultura Cubana, así como su presencia en la Feria de Artesanías Cubanas Kukulcán FERCUN 2012, realizada en la plaza homónima de la zona hotelera, donde mostró la riqueza del hacer artesanal de su tierra.
«Cancún me dio la oportunidad de internacionalizar mi trabajo —expresa el creador—. El apoyo de las instituciones mexicanas y la calidez de su gente me han motivado a seguir construyendo puentes. Aquí florece también mi arte, nutrido por el intercambio con mis amigos de México».
Creación y hermandad: proyectos presentes y futuros
Su labor no conoce descanso. Actualmente divide su tiempo entre ambos países: en Varadero, Cuba, está a cargo de la decoración y restauración integral del emblemático Club de Buceo, espacio donde también ejecutó un mural junto al maestro matancero Agustín Drake, uniendo la experiencia y miradas de dos generaciones. Junto a su hermano, el artista Alexander Pérez Ramírez, prepara una escultura monumental inspirada en la cosmovisión maya, uniendo la identidad cubana con la herencia ancestral del sureste mexicano.
El arte como camino sin fronteras
La trayectoria de Duniesky Rodríguez Ramírez demuestra que la cultura no entiende de límites: su obra nacida en las riberas del río Yumurí hoy encuentra raíces fértiles en el Caribe mexicano, en las tierras altas de Veracruz y en la península de Yucatán. Desde el emblemático Parador Fotográfico que recibe al turista en Varadero hasta las exposiciones binacionales en Cancún, cada escultura, cada proyecto y cada intercambio son una forma de reafirmar que el arte es el lenguaje común que une a Cuba y México, y que aún queda mucho por crear juntos.





