NO BASTA CON LIMPIAR

Hablemos Claro es una columna de opinión de la diputada Paola Moreno.

Desde finales de 2024, las Unidades Verdes de Cancún han atendido 765 basureros clandestinos. El saldo incluye 207 personas detenidas, 45 vehículos remitidos y 755 actas levantadas. Solamente entre enero y el 6 de abril de este año fueron clausurados 219 tiraderos y retiradas 76 mil 114 toneladas de residuos de espacios públicos. Son cifras que deberían incomodarnos, pero también obligarnos a preguntarnos qué está pasando con nuestra ciudad.

Las autoridades están actuando. Hay vigilancia, inspecciones y sanciones. Sin embargo, detrás de esos números existe una pregunta mucho más difícil: ¿quién está ensuciando Cancún? La respuesta también nos corresponde como sociedad. La basura no llega sola a un camellón, un colchón no aparece por sí mismo en un área verde y una llanta no termina por casualidad en un lote baldío. Detrás de cada tiradero clandestino existe alguien que decidió convertir su problema en el problema de todos.

Ahí comienza el verdadero desafío. Podemos multiplicar patrullas, cámaras, multas y jornadas de limpieza, pero ningún gobierno tendrá capacidad suficiente para mantener limpia una ciudad si una parte de sus habitantes continúa ensuciándola. No basta con limpiar; necesitamos evitar que se vuelva a ensuciar.

El costo, además, va mucho más allá de la imagen urbana. Los tiraderos clandestinos pueden convertirse en focos de fauna nociva y proliferación de mosquitos, contaminar el suelo y el agua, obstruir drenajes e incrementar riesgos durante temporadas de lluvias e incendios. También existe un costo económico: cada peso destinado a recoger lo que alguien abandonó irresponsablemente es dinero público que podría utilizarse para atender otras necesidades de nuestra ciudad.

Por eso necesitamos pasar de una política basada solamente en limpiar a una verdadera cultura de corresponsabilidad. La autoridad debe seguir sancionando, las Unidades Verdes deben continuar vigilando y la justicia cívica debe fortalecerse. Cuando jurídicamente corresponda, las sanciones pueden complementarse con trabajo en favor de la comunidad, porque reparar el daño también puede convertirse en una herramienta para generar conciencia.

Pero ninguna sanción sustituye a la educación. Necesitamos enseñar desde casa, las escuelas y nuestras propias comunidades que un parque, un camellón o un área verde no son terrenos de nadie: son patrimonio de todos. Ahí juegan nuestras niñas y niños, conviven las familias, hacemos ejercicio y construimos comunidad. Cuidarlos significa también cuidar nuestra salud, seguridad y calidad de vida.

Una ciudad habla de quienes viven en ella. Lo hace a través de sus calles, sus parques, sus árboles y, desgraciadamente, también a través de su basura. Por eso, 765 basureros clandestinos atendidos deberían ser suficientes para entender que el problema no termina cuando retiramos los residuos.

Cancún necesita autoridades que sigan haciendo su parte, pero también ciudadanos dispuestos a hacer la nuestra. Porque una ciudad limpia no comienza cuando pasa el camión recolector ni termina después de una jornada de limpieza. Comienza cuando cada persona entiende algo mucho más sencillo: el espacio público también es nuestra casa.

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