Las señales que aparecen antes de un golpe de calor

Mareo, sudoración excesiva y fatiga pueden aparecer antes de un golpe de calor.

El golpe de calor rara vez aparece sin advertencias. Antes de que una persona pierda el conocimiento, el cuerpo puede enviar señales durante minutos u horas: sed persistente, debilidad, calambres, sudoración excesiva, náusea, dolor de cabeza o dificultad para mantener la concentración.

Durante julio, la Cruz Roja Mexicana en Cancún atendió a seis personas por afectaciones relacionadas con las altas temperaturas, principalmente por cuadros de agotamiento físico. El reporte epidemiológico más reciente citado por medios locales acumulaba 40 afectaciones en Quintana Roo, entre golpes de calor, deshidrataciones y quemaduras solares.

Para albañiles, repartidores, jardineros, vendedores, cocineros, agentes viales y personal de playa, estas molestias pueden confundirse con el cansancio normal de una jornada. Esa normalización puede retrasar el descanso, la hidratación o la atención médica.

La deshidratación comienza antes de sentir un malestar severo

La sed intensa y la boca seca indican que el organismo ya necesita recuperar líquidos. También pueden aparecer cansancio, menor rendimiento, dolor de cabeza y dificultad para concentrarse.

Cuando continúa el esfuerzo físico, pueden presentarse calambres dolorosos en piernas o abdomen, acompañados de sudoración abundante. El IMSS los identifica como una de las primeras manifestaciones del daño ocasionado por el calor.

La respuesta inicial consiste en detener la actividad, trasladarse a un lugar fresco, aflojar la ropa y enfriar el cuerpo. La hidratación debe realizarse poco a poco cuando la persona está consciente y no presenta vómito. Bebidas alcohólicas o con exceso de cafeína no sustituyen el agua.

En actividades moderadas de menos de dos horas, el IMSS recomienda aproximadamente 240 mililitros de agua cada 15 o 20 minutos, sin superar alrededor de 1.4 litros por hora. El agua debe permanecer accesible cerca del área de trabajo.

Las pausas, la sombra y la hidratación forman parte de la protección durante una jornada calurosa.

El agotamiento por calor cambia el estado físico

El siguiente nivel aparece cuando la pérdida de líquidos o sodio ya altera el funcionamiento del cuerpo. La persona puede presentar piel fría o pálida, sudoración intensa, pulso débil, mareo, náusea, vómito, desmayo y fatiga profunda.

En este punto no basta con “aguantar unos minutos”. Es necesario suspender la jornada, colocar a la persona en un sitio ventilado, aplicar paños húmedos en frente, abdomen y axilas, y solicitar valoración médica.

El calor también afecta la capacidad de reacción. El IMSS advierte que, a partir de temperaturas elevadas sostenidas, pueden disminuir la concentración y la coordinación, lo que aumenta la posibilidad de caídas, errores y accidentes durante el trabajo.

Cocinas, panaderías, talleres y espacios cerrados pueden acumular todavía más temperatura por hornos, motores, superficies metálicas o ventilación limitada. La exposición no ocurre únicamente bajo el sol.

Confusión y temperatura elevada indican una emergencia

El golpe de calor comienza cuando el organismo pierde la capacidad de regular su temperatura. Puede alcanzar los 40 grados o más y provocar piel caliente, pulso acelerado, respiración agitada, desorientación, comportamiento extraño, pérdida del conocimiento o convulsiones.

La confusión es una señal decisiva. Una persona que responde de manera incoherente, camina con dificultad o no reconoce dónde se encuentra necesita atención urgente, aunque todavía esté sudando.

Debe ser trasladada a un lugar fresco, retirar el exceso de ropa y comenzar el enfriamiento con agua, paños húmedos, ventiladores o aire acondicionado mientras llegan los servicios de emergencia. No debe recibir líquidos si está desorientada, inconsciente o presenta vómito, porque podría broncoaspirarlos.

La prevención laboral requiere algo más que colocar un garrafón. Incluye pausas programadas, acceso permanente a sombra, ventilación, rotación de tareas, ropa adecuada y supervisores capaces de reconocer síntomas. El IMSS recomienda limitar la exposición prolongada entre las 11:00 y las 16:00 horas y procurar espacios frescos dentro del hogar y el trabajo.

En Cancún, detenerse ante un mareo, un calambre o una fatiga repentina no representa debilidad. Puede ser la diferencia entre recuperarse en un sitio fresco y llegar a una emergencia médica.

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