En una ciudad acostumbrada a presumir millones de turistas, ocupación hotelera e inversiones multimillonarias, existe otra economía que no se mide en cuartos ocupados ni en pasajeros internacionales.
Es la economía de las familias que buscan ropa, alimentos, herramientas, juguetes y artículos para el hogar entre los pasillos de los tianguis.
Y esa economía comienza a lanzar una señal de alarma.
Durante julio de 2026, representantes de los comerciantes reportaron una caída de entre 50% y 60% en las ventas de algunos tianguis de Cancún. La falta de compradores ha provocado que una parte de los vendedores deje de instalarse temporalmente y busque ingresos en la albañilería, carpintería, plomería, pintura u otros trabajos.
No se trata únicamente de puestos vacíos. Detrás de cada espacio que deja de ocuparse existe una familia que concluyó que abrir su negocio ya no garantiza siquiera recuperar los gastos del día.
Abrir el puesto dejó de ser negocio
Instalarse en un tianguis implica transportar mercancía, montar estructuras, permanecer durante horas bajo el sol y asumir gastos de traslado, alimentación y operación.
Cuando la afluencia disminuye, el comerciante enfrenta una decisión difícil: instalarse con el riesgo de no vender o utilizar ese día para buscar otra fuente de ingreso.
Paloma Ortega, secretaria general de la Unión de Tianguis y Comerciantes Ambulantes del Estado de Quintana Roo, declaró a mediados de julio que las ventas habían disminuido hasta 50% y que aproximadamente 30% de los comerciantes dejaba de instalarse entre semana para realizar otros trabajos.
De acuerdo con esa versión, alrededor de 70% de los vendedores continuaba operando regularmente durante las jornadas más complicadas. La disminución no significaba necesariamente que los comerciantes hubieran abandonado definitivamente la actividad, sino que algunos estaban dejando de instalarse en los días con menor movimiento.
Posteriormente, otras estimaciones difundidas por representantes del mismo sector situaron entre 10% y 20% la proporción de vendedores que habían dejado de ocupar sus espacios.
La diferencia entre las cifras obliga a manejar el fenómeno con precisión: Cancún no cuenta actualmente con un reporte público y actualizado que establezca cuántos comerciantes abandonaron definitivamente los tianguis, cuántos suspendieron temporalmente sus actividades y cuántos solamente dejaron de acudir ciertos días.
Lo que sí coincide en los diferentes testimonios es la causa inmediata: ya no pasan suficientes compradores.

Una caída de hasta 60%
A finales de julio, Aarón Gama, representante legal de la Unión de Tianguis y Comerciantes Ambulantes del Estado de Quintana Roo, reportó una disminución de hasta 60% en las ventas.
El dirigente atribuyó la contracción a dos factores principales: las temperaturas elevadas, que reducen la permanencia de clientes y vendedores en espacios abiertos, y las vacaciones escolares, durante las cuales numerosas familias salen de Cancún o modifican sus rutinas de consumo.
La explicación estacional es razonable, pero no parece suficiente para entender la dimensión del problema.
Semanas antes, comerciantes ya advertían una caída de hasta 50%, hablaban de jornadas casi sin compradores y reconocían que el turismo que recorría algunos tianguis antes de la pandemia no había regresado con la misma intensidad.
Por eso, el calor puede haber acelerado la caída, pero no necesariamente la originó.
El otro Cancún
Los tianguis dependen principalmente del consumo de quienes viven en la ciudad. Su clientela está compuesta por trabajadores, amas de casa, estudiantes y familias que buscan productos a precios accesibles.
A diferencia de los establecimientos ubicados en las zonas turísticas, estos espacios no reciben automáticamente los beneficios derivados de la llegada de visitantes.
El dato laboral ayuda a comprender su importancia. Durante el primer trimestre de 2026, Quintana Roo registró una tasa de informalidad laboral de 40.5%, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del Inegi. Esto representaba aproximadamente 429 mil personas ocupadas en alguna modalidad de informalidad.
Además, 35.3% de la población ocupada se encontraba en condiciones críticas de ocupación, indicador relacionado con jornadas y niveles de ingreso insuficientes.
Estas cifras no demuestran por sí mismas que exista una crisis generalizada en los tianguis, pero sí muestran que una parte considerable de la población de Quintana Roo depende de trabajos con menor estabilidad y protección laboral.
Para esos hogares, perder varios días de ventas puede convertirse rápidamente en un problema de alimentación, renta, transporte o endeudamiento.
Del optimismo mundialista a los pasillos vacíos
La caída resulta todavía más significativa porque apenas en junio representantes del sector confiaban en que el Mundial de Futbol impulsaría hasta 30% sus ventas.
Un mes después, el panorama era el contrario: puestos ausentes, ventas hasta 60% menores y comerciantes buscando ocupaciones alternativas.
El contraste muestra la fragilidad de la recuperación. Una expectativa de consumo asociada a un acontecimiento internacional no logró compensar la disminución de compradores durante la temporada de verano.
La economía popular de Cancún continúa dependiendo mucho más del dinero disponible en los hogares locales que de los grandes acontecimientos turísticos o deportivos.
No todo puede explicarse por la inflación
La primera quincena de julio de 2026 registró una inflación general anual de 3.10%, según el Inegi. El indicador fue menor al observado durante el mismo periodo de 2025.
Incluso los precios de frutas y verduras disminuyeron 1.50% respecto de la quincena anterior.
Esto significa que sería impreciso atribuir automáticamente la caída de los tianguis a un repunte generalizado de precios.
El problema puede encontrarse en otro lugar: aunque la inflación desacelere, eso no significa que las familias recuperen inmediatamente su capacidad de compra. Los hogares pueden seguir enfrentando ingresos insuficientes, deudas acumuladas, gastos vacacionales, transporte, vivienda y servicios que reducen el dinero disponible para consumos no indispensables.
En otras palabras: los precios pueden dejar de subir con la misma velocidad y, aun así, las familias seguir comprando menos.

Un sector regulado, pero poco medido
El comercio en los tianguis está sujeto al Reglamento para el Comercio y la Prestación de Servicios en Vía Pública del municipio de Benito Juárez.
La regulación establece que las organizaciones deben presentar un padrón de comerciantes, contar con autorización municipal, mantener limpios los espacios, evitar obstrucciones viales y sujetarse a los lugares, días y horarios determinados por el Comité Dictaminador.
También exige que cada permisionario ocupe el espacio indicado en su credencial y que ese documento permanezca visible.
En 2025, el Ayuntamiento de Benito Juárez informó sobre la entrega de mil 200 credenciales a integrantes de la Unión de Tianguistas y Comerciantes Ambulantes. Ese antecedente demuestra que existen mecanismos administrativos para conocer al menos una parte de la población dedicada a esta actividad.
Sin embargo, hasta ahora no se ha difundido públicamente un diagnóstico municipal que permita responder preguntas esenciales:
¿Cuántos comerciantes continúan activos? ¿Cuántos dejaron de instalarse? ¿En cuáles tianguis cayó más la afluencia? ¿La reducción es únicamente estacional o comenzó antes del verano? ¿Cuántos vendedores se trasladaron a otros puntos o migraron hacia las ventas digitales?
Sin esa información, las cifras disponibles dependen fundamentalmente de estimaciones realizadas por las organizaciones.
Septiembre y octubre podrían ser todavía peores
Los dirigentes del sector han advertido que septiembre y octubre suelen representar los meses más difíciles del año.
Si la contracción comenzó desde julio, los comerciantes podrían llegar a la temporada baja con menos ahorros, mercancía detenida y una mayor necesidad de encontrar otras fuentes de ingreso.
Algunas organizaciones mantienen desayunos solidarios para apoyar a vendedores que no consiguen suficientes ventas. La existencia de este mecanismo revela hasta qué punto la actividad puede operar al límite: cuando no entra dinero, incluso cubrir la alimentación del día se convierte en un desafío.
La esperanza está puesta en los fines de semana y, posteriormente, en la temporada decembrina. Pero esperar cinco meses para recuperar las ventas no constituye una estrategia económica.
El termómetro de la economía real
Todavía no existen elementos suficientes para asegurar que los tianguis de Cancún estén desapareciendo. Tampoco puede afirmarse que todos hayan perdido 60% de sus ventas o que el abandono de vendedores sea definitivo.
Pero minimizar lo que sucede como una consecuencia pasajera del calor también sería un error.
Cuando un comerciante deja de instalarse porque gana más como albañil, pintor o plomero, el problema ya no es solamente climático. Significa que un modelo de subsistencia dejó de generar lo necesario para sostener una jornada de trabajo.
Los tianguis son uno de los pocos lugares donde puede observarse, sin intermediarios, la capacidad de compra de las colonias populares de Cancún.
Si los pasillos se vacían, si los comerciantes dejan de abrir y si las familias reducen sus compras, la ciudad está recibiendo una advertencia que no aparecerá necesariamente en las cifras de ocupación hotelera.
El Cancún turístico puede seguir lleno.
Pero el Cancún que vive de venderle al propio Cancún está comenzando a quedarse sin compradores.




