El hombre corrió dentro de la obra buscando ponerse a salvo. Un disparo lo alcanzó en la pierna izquierda; otros lesionaron su hombro y el lado derecho del rostro. Sobrevivió, pero perdió un ojo. Desde aquel 19 de julio de 2023, su vida dejó de medirse únicamente en jornadas, salario y avance de construcción: comenzó a organizarse alrededor de cirugías, adaptación visual y una capacidad laboral modificada.
El ataque ocurrió en un hotel en construcción situado en el kilómetro 16.5 del bulevar Kukulcán de Cancún. El 4 de agosto de 2026, un juez sentenció a Ernesto Espinoza Zárate a 16 años y seis meses de prisión por homicidio calificado en grado de tentativa. También impuso una multa de 103 mil 740 pesos; la cantidad correspondiente a la reparación del daño todavía deberá ser determinada judicialmente.
Volver a una obra exige aprender a calcular otra vez
La pérdida de visión en un ojo reduce parte del campo visual y modifica la manera de calcular profundidad, distancia y posición de los objetos. La rehabilitación puede enseñar movimientos compensatorios de cabeza, exploración visual, coordinación y nuevas referencias espaciales, pero la adaptación no ocurre de manera automática ni idéntica para todas las personas.
En la construcción, esas modificaciones adquieren un peso particular. Subir una escalera, caminar sobre una superficie elevada, medir la distancia de una herramienta, cargar materiales o advertir un objeto que se aproxima desde el costado requieren percepción espacial y atención periférica.
No existe información pública que confirme si el trabajador regresó a una obra, cambió de actividad o dejó de generar ingresos. Tampoco se conoce cuántas intervenciones médicas recibió, quién cubrió sus tratamientos o si tuvo acceso a rehabilitación visual. El monitoreo que dio origen a esta cobertura identifica precisamente ese vacío: la sentencia describe el ataque, pero no cuenta cómo sobrevivió la víctima durante los tres años siguientes.

La pérdida de un ojo también modifica la economía familiar
La recuperación no termina cuando cicatriza una herida. Puede incluir consultas oftalmológicas, prótesis ocular, medicamentos, desplazamientos, apoyo psicológico y entrenamiento para recuperar autonomía.
Cuando una secuela disminuye las aptitudes para trabajar y es reconocida institucionalmente como relacionada con la actividad laboral, el IMSS puede dictaminar una incapacidad permanente parcial o total mediante el formato ST-3. La pensión puede ser provisional durante un periodo de adaptación de hasta dos años o convertirse posteriormente en definitiva.
En este caso, los registros abiertos no permiten saber si el trabajador estaba afiliado al Seguro Social, si recibió una incapacidad, si conservó salario durante su recuperación o si su familia absorbió los gastos. Tampoco puede asumirse que la pérdida de un ojo le impida cualquier empleo: la capacidad restante debe valorarse según su estado clínico, oficio, edad y posibilidades reales de adaptación.
Una reparación que deberá mirar hacia el futuro
La reparación pendiente no debería limitarse a sumar facturas ya pagadas. El juzgado puede considerar tratamientos futuros, pérdida o disminución de ingresos, rehabilitación, afectaciones emocionales y las condiciones necesarias para que la víctima recupere independencia.
La sentencia establece responsabilidad penal y una pena de prisión. Sin embargo, el trabajador ha vivido con la consecuencia física desde 2023, mucho antes de que concluyera el juicio.
Su historia no termina en el momento del disparo ni en la condena. Continúa cada vez que necesita calcular un escalón, identificar un objeto fuera de su campo visual o decidir si todavía puede realizar el oficio que conocía. La reconstrucción más difícil ocurrió fuera del tribunal: aprender nuevamente a desplazarse, trabajar y sostener una vida con una visión distinta.





