Las cabalgatas de Quintana Roo buscan regresar al Congreso con un argumento renovado: conservar una tradición rural sin separar su reconocimiento cultural del bienestar de los caballos.
Organizaciones vinculadas con esta actividad han expresado su intención de retomar la declaratoria como Patrimonio Cultural Intangible, especialmente desde Bacalar. Sin embargo, el registro público de la Comisión de Cultura mantiene como desechadas las dos iniciativas presentadas en 2023 y no muestra una nueva propuesta formal sobre el tema.
Una nueva iniciativa tendría que avanzar más allá del reconocimiento simbólico. Su principal diferencia podría estar en establecer cómo se organiza una cabalgata, quién revisa a los animales y bajo qué condiciones debe suspenderse su participación.
Las propuestas anteriores no detallaban el cuidado durante el recorrido
Los proyectos de 2023 definían la cabalgata como un desfile de jinetes por calles o comunidades durante celebraciones religiosas o culturales. También proponían que las autoridades impulsaran, difundieran y garantizaran la permanencia de la tradición.
Sus artículos operativos no incluían revisión veterinaria previa, duración máxima, puntos de hidratación, periodos de descanso, condiciones climáticas, protocolo de traslado ni retiro de animales lesionados. Tampoco precisaban quién supervisaría esas medidas durante el evento.
Esa ausencia no significa que las cabalgatas carezcan actualmente de obligaciones. Significa que una declaratoria cultural podría incorporar reglas específicas para convertir el bienestar animal en parte visible de la organización.
La ley ya establece un piso para los animales de monta
La Ley de Protección y Bienestar Animal de Quintana Roo obliga a alimentar y cuidar adecuadamente a los animales de monta, evitar jornadas excesivas y proporcionar atención veterinaria preventiva y curativa. La monta recreativa requiere autorización municipal y debe desarrollarse con trato digno.
La misma legislación impide utilizar animales desnutridos, enfermos o lesionados; prohíbe golpearlos, fustigarlos o espolearlos y exige sombra y refugio en los espacios donde permanecen. También regula edades mínimas, herrajes, traslado y atención inmediata ante una caída o lesión.
Una cabalgata, sin embargo, reúne durante horas a numerosos caballos, jinetes, vehículos de transporte y espectadores. Por ello necesita un protocolo adaptado al recorrido, no únicamente una referencia general a la ley.
El calor no puede medirse solo con un termómetro
La Organización Mundial de Sanidad Animal advierte que los equinos sometidos a actividad en ambientes cálidos y húmedos pueden presentar estrés térmico. Recomienda garantizar agua, sombra, descansos y evitar el trabajo durante temperaturas extremas. Entre las señales de alerta se encuentran respiración acelerada, esfuerzo respiratorio, sudoración excesiva y menor respuesta al entorno.
Por eso, una nueva propuesta no debería limitarse a establecer una temperatura máxima idéntica para todos los eventos. El protocolo tendría que considerar temperatura, humedad, horario, distancia, intensidad, condición física y valoración veterinaria.
El recorrido podría contar con una inspección antes de la salida, identificación de cada equino, puntos obligatorios de agua, zonas de sombra, descansos programados y personal veterinario capaz de retirar a cualquier animal que muestre agotamiento, cojera, heridas o alteraciones respiratorias.
También sería necesario documentar el transporte de llegada y regreso, disponer de un remolque para emergencias y registrar incidentes. El permiso del evento podría condicionarse al cumplimiento de estas medidas, utilizando las facultades y sanciones ya previstas en la legislación de bienestar animal.
La tradición no pierde autenticidad cuando incorpora cuidados verificables. Al contrario: una cabalgata reconocida como patrimonio tendría mayor legitimidad si su permanencia también garantiza que ningún caballo sea obligado a completar un recorrido para el que no está preparado.





