Hoy se armó un zafarrancho por una lectura editorial sobre la sucesión de Cancún en 2027. Algunos cuestionaron por qué apareció determinado personaje, por qué otro quedó fuera o por qué dos mujeres fueron colocadas detrás de dos hombres en una imagen. Incluso hubo quienes interpretaron misoginia, violencia política de género o supuestas simpatías hacia el Partido Verde.
Regresemos a la seriedad.
Una lectura política no es una lista de asistencia ni un reparto de cortesías. En Morena hay muchos perfiles con trayectoria, aspiraciones y derecho legítimo a levantar la mano. Pero un medio no está obligado a incluir a cuarenta personajes en cada análisis para evitar que alguien se sienta excluido. Seleccionar nombres también es parte del criterio editorial.
La nota analizó encuestas, estructuras, alianzas, respaldos y movimientos públicos. Con esos elementos planteamos que, hoy, la disputa más visible por Cancún parece concentrarse entre Jorge Sanén y Pablo Bustamante. No afirmamos que la candidatura esté decidida ni negamos las posibilidades de Anahí González, Marybel Villegas o cualquier otro perfil. Tampoco existe todavía una definición de género que cierre la competencia.
Decir que Anahí se mueve bajo la influencia política de Rafael Marín no es una descalificación por ser mujer. Es una interpretación sobre liderazgos y grupos políticos construida a partir de reuniones, fotografías, actos y mensajes públicos. Esa misma expresión se utiliza para analizar a hombres que forman parte de estructuras mayores.
Comprendo que dentro de Morena cada grupo impulse a sus propios perfiles. Es natural. Lo que no sería natural es que el periodismo tuviera que acomodar sus conclusiones para satisfacer a todos los grupos al mismo tiempo.
Alguien me recomendó ponerme las “gafas moradas” para observar la política. Respeto profundamente la perspectiva de género y las luchas que han permitido que más mujeres ocupen espacios de poder. Pero yo no quiero mirar la realidad con unas gafas que me permitan distinguir solamente un color.
Yo uso gafas transparentes porque quiero mirar todos los colores.
No pertenezco al Verde ni escribo para perjudicar a Morena. Soy León, una persona que simpatiza con el gobierno de la Cuarta Transformación y coincide con muchos de sus principios sociales. Precisamente por eso creo que la unidad no se construye silenciando opiniones, repartiendo espacios por presión o acusando al primero que publica una interpretación incómoda.
La violencia política contra las mujeres es demasiado grave para convertirla en una etiqueta automática contra cualquier análisis que no favorezca a una aspirante. Puede debatirse nuestra lectura, confrontarse con datos y publicarse otra distinta. Eso es democracia. Convertir una diferencia editorial en una acusación personal puede generar un daño moral mucho mayor que una fotografía o una interpretación discutible.
No es una disculpa. Es una aclaración.
Respetaré siempre a las mujeres, escucharé todas las críticas y seguiré respaldando aquello que considero valioso de la transformación. Pero también continuaré analizando el poder con independencia.
Porque la unidad exige respeto, no unanimidad.





