Cozumel está recibiendo más cruceristas que nunca. Entre enero y julio llegaron más de tres millones de pasajeros, un crecimiento de 10.4 por ciento frente al año pasado. La cifra suena espectacular. Pero hay una pregunta que no podemos seguir evitando: ¿ese crecimiento también está llegando a los bolsillos de quienes viven en la isla?
Porque una cosa es contar pasajeros bajando de los barcos y otra muy distinta contar ventas en restaurantes, comercios, taxis, mercados y negocios familiares. El verdadero éxito turístico no se mide solamente por barcos atracados ni por fotografías de terminales llenas. Se mide por cuánto dinero deja cada visitante y cuántas familias cozumeleñas se benefician realmente.
No estoy diciendo que el turismo de cruceros no funcione. Estoy diciendo que necesitamos conocer la historia completa: cuánto gastan los pasajeros, dónde compran, quién concentra esa derrama y qué se está haciendo para llevarlos más allá de los circuitos tradicionales.
Cozumel puede celebrar que llegan más turistas, claro que sí. Pero el crecimiento no puede quedarse en una estadística oficial. Tiene que sentirse en las calles, en las cajas de los negocios y en la economía de las familias. Porque si llegan millones, pero los comerciantes siguen esperando clientes, entonces algo no está conectando.





