¿Por qué cada vez que vamos al supermercado parece que compramos menos con el mismo dinero? ¿Por qué salir a comer con la familia cuesta más que hace apenas unos meses? ¿Por qué remodelar una casa, comprar un electrodoméstico o incluso vacacionar resulta cada vez más caro?
La respuesta no siempre está en México. Muchas veces comienza a más de 15 mil kilómetros de distancia, cuando una naviera incrementa el costo de mover un contenedor.
Hace unos días, Maersk anunció nuevos Recargos de Contingencia de Emergencia para carga proveniente de India con destino a América Latina y el Caribe. En algunos casos, el costo adicional alcanzará 3,950 dólares por un contenedor seco de 40 pies y hasta 4,550 dólares para contenedores refrigerados. Para muchos, es una noticia exclusiva del comercio internacional. En realidad, es una señal de alerta para todos.
Más del 80% del comercio mundial por volumen se transporta por vía marítima. Un solo contenedor de 40 pies puede mover entre 22 y 26 toneladas de mercancías. Cuando transportar esa carga cuesta más, el incremento no desaparece: recorre toda la cadena productiva. Lo absorbe primero el fabricante, después el importador, luego el distribuidor y finalmente llega al consumidor. Es una inflación silenciosa que viaja por mar.
México mantiene una intensa relación comercial con India. Tan solo en abril de 2026, nuestro país importó 907 millones de dólares en mercancías provenientes de esa nación y exportó 351 millones, reflejando una balanza comercial ampliamente deficitaria. Muchos de esos productos son medicamentos, textiles, químicos, autopartes, maquinaria e insumos industriales indispensables para la economía mexicana.
En Quintana Roo el impacto puede ser todavía mayor. Nuestro estado registró en ese mismo mes 62.1 millones de dólares en importaciones y apenas 5.28 millones en exportaciones, un déficit cercano a 57 millones de dólares. Consumimos mucho más de lo que producimos, y esa dependencia nos vuelve especialmente vulnerables a cualquier alteración en las cadenas globales de suministro.
Pensemos en nuestra principal industria. Muchos hoteles adquieren sábanas, toallas y textiles fabricados en India; mobiliario proveniente de China y Vietnam; equipos de cocina industrial de Europa; sistemas de aire acondicionado, elevadores, iluminación, electrónicos, productos químicos para albercas, refacciones y materiales de construcción importados. Si el costo de traer un contenedor aumenta miles de dólares, ese incremento termina reflejándose en el precio de una habitación, en una comida de restaurante o en el costo de unas vacaciones.
Lo mismo sucede con los hogares. Medicamentos, ropa, electrodomésticos, teléfonos celulares, computadoras, materiales para construir o remodelar una vivienda e incluso parte de los alimentos que consumimos dependen de una logística internacional cada vez más costosa. Cuando una familia siente que el dinero ya no alcanza igual, muchas veces la explicación comenzó semanas antes en un puerto del otro lado del mundo.
Y este fenómeno no parece ser temporal. Conflictos geopolíticos, desvíos de rutas marítimas, mayores costos de seguros, congestión portuaria, volatilidad energética y nuevos aranceles están transformando la logística internacional en un factor permanente de presión sobre los precios.
Frente a este escenario, México debe acelerar la diversificación de proveedores, fortalecer sus puertos, aprovechar el nearshoring e impulsar cadenas de suministro más resilientes. Quintana Roo necesita ir un paso más allá: desarrollar infraestructura logística, atraer manufactura ligera, fortalecer la proveeduría local y convertirse en un centro regional de distribución para la Península, el Caribe y Centroamérica. Entre más produzcamos y transformemos aquí, menor será nuestra exposición a las crisis que se originan en otras regiones del mundo.
La próxima vez que sienta que el dinero alcanza para menos, recuerde que quizá el problema no comenzó en el supermercado. Tal vez empezó cuando un barco salió de Asia con un costo mucho más alto para cruzar el océano. Porque la logística dejó de ser un asunto de puertos. Hoy es, también, un asunto del bolsillo de las familias.
¡Hasta la próxima semana, con nuevos retos y oportunidades!
Sin miedo a la cima, que el éxito ya lo tenemos.
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