Qué ocurre cuando tu propia cara aparece en una cuenta de internet que nunca creaste

Una fotografía tomada de redes sociales puede utilizarse para construir una identidad falsa.

No hace falta que alguien robe una contraseña para apropiarse de una parte de tu identidad digital. A veces basta con descargar una fotografía pública, colocarle otro nombre y abrir una cuenta que empieza a hablar, publicar y relacionarse con otras personas utilizando un rostro ajeno.

En Quintana Roo, el fenómeno dejó de ser una posibilidad abstracta. A finales de julio, la coordinadora del Grupo Especializado de Atención a la Violencia Familiar y de Género (GEAVIG) de José María Morelos informó que habían detectado durante semanas fotografías de mujeres utilizadas en grupos de Facebook para crear perfiles falsos, algunos vinculados con ofrecimientos de contenido o servicios sexuales. Hasta ese momento no se habían formalizado denuncias en los casos conocidos localmente, de acuerdo con el reporte publicado por Noticaribe.

La escena puede comenzar de una manera brutalmente sencilla: una amiga envía una captura y, del otro lado de la pantalla, aparece tu propia cara bajo otro nombre.

Una fotografía pública no convierte tu identidad en propiedad de cualquiera

Publicar una imagen en Facebook o Instagram permite que otras personas puedan verla, pero eso no significa que puedan convertirla libremente en la identidad de una cuenta distinta.

El Código Penal de Quintana Roo, actualizado en abril de 2026, incluye expresamente las fotografías entre los datos personales que identifican a una persona. Su artículo 195-Sexties contempla la utilización, apropiación o empleo sin autorización de datos personales dentro del delito de usurpación de identidad, con penas que pueden ir de seis meses a seis años de prisión y de 400 a 600 días multa. La configuración concreta de un delito depende siempre de cómo fueron utilizadas las imágenes y de las circunstancias documentadas en cada caso.

La legislación estatal también reconoce la violencia digital dentro de la Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia. El marco jurídico contempla acciones realizadas mediante tecnologías que pueden afectar la intimidad, dignidad, honor o derecho a la propia imagen de las mujeres. El Congreso mantiene vigente este ordenamiento y su historial de reformas.

Por eso hay diferencias importantes entre compartir una fotografía, crear una cuenta que suplanta a otra persona, utilizar su rostro para obtener dinero o emplearlo para sexualizarla, acosarla o engañar a terceros.

Antes de borrar el perfil, hay una pantalla que conviene conservar

El impulso inmediato puede ser conseguir que la cuenta desaparezca. Pero antes existe otra tarea: documentar lo que está ocurriendo.

La Guardia Nacional CERT-MX recomienda a víctimas de ciberdelitos conservar evidencias como capturas de pantalla y mensajes antes de acudir ante las autoridades.

Eso puede incluir el nombre utilizado por el perfil, dirección de la cuenta, fotografías publicadas, fechas, conversaciones recibidas y cualquier contenido que permita reconstruir qué se hizo con la identidad.

Facebook establece que los perfiles o páginas que se hacen pasar por otra persona pueden reportarse directamente, incluso por personas que no tienen una cuenta activa. Instagram dispone de un mecanismo equivalente para denunciar cuentas de suplantación.

En José María Morelos, GEAVIG recomendó además reportar las publicaciones a los administradores de los grupos y acudir ante la propia agrupación o la Fiscalía General del Estado cuando exista un posible uso ilícito de las imágenes.

El daño puede continuar aunque la cuenta desaparezca

Eliminar el perfil corta una parte de la circulación, pero no necesariamente todo lo que ocurrió mientras estuvo activo.

Una fotografía pudo haber sido guardada nuevamente, enviada por mensaje privado, publicada en otros grupos o asociada a conversaciones de las que la mujer retratada nunca tuvo conocimiento. Ahí está la dimensión menos visible: la víctima tiene que demostrar que no era ella quien hablaba detrás de su propia cara.

La tecnología permite copiar una imagen en segundos. Recuperar el control sobre lo que otros hicieron con ella puede requerir reportes, evidencia, acompañamiento y tiempo.

Por eso, encontrar el propio rostro dentro de una cuenta desconocida no es únicamente descubrir una fotografía robada. Es descubrir que alguien comenzó a construir una historia utilizando tu identidad sin pedir permiso.

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