Un contacto de grooming rara vez se presenta como una amenaza. Puede comenzar con una partida compartida, una solicitud de amistad o una conversación sobre música, escuela y videojuegos. Su apariencia cotidiana permite que una persona adulta gane espacio dentro de la vida digital de un menor sin despertar sospechas inmediatas.
En Cancún, el director de Derechos Humanos de Benito Juárez, Edgar Mora Ucán, informó que durante pláticas de prevención de trata algunas familias relataron haber descubierto conversaciones de sus hijos menores de edad con personas adultas mediante videojuegos y otras plataformas. En ciertos casos recurrieron a terapia para recuperar la comunicación familiar. La información difundida no precisa cuántos episodios fueron detectados ni describe casos individuales, por lo que no permite dimensionar el fenómeno en el municipio.
El cambio ocurre cuando la conversación exige exclusividad
La primera interacción puede parecer inofensiva. El tono cambia cuando el contacto comienza a solicitar datos personales, fotografías, horarios, ubicación o silencio frente a la familia.
Una cartilla del IMSS sobre violencia sexual infantil describe una secuencia progresiva: la persona establece contacto, construye un lazo emocional y después intenta aislar al menor, procurando que la relación permanezca en secreto. Ese aislamiento puede preceder solicitudes sexuales, amenazas, engaños o chantajes.
Pedir discreción no demuestra por sí mismo la existencia de un delito. Adquiere otro significado cuando se combina con insistencia constante, diferencia de edad, regalos, peticiones de imágenes, migración hacia chats privados o presión para ocultar la identidad del interlocutor.
La confianza se construye antes de que aparezca la presión
El grooming digital funciona porque la agresión no siempre es visible al principio. La persona adulta puede presentarse como alguien que comparte intereses, escucha problemas o comprende emociones que el menor todavía no comunica dentro de casa.
Los reportes difundidos en Cancún señalan que algunos adultos pueden hacerse pasar por personas de menor edad para establecer vínculos dentro de juegos y redes sociales. El acercamiento puede mantenerse durante días o semanas antes de modificar su tono.
UNICEF México identifica el grooming como una forma de abuso en línea con fines sexuales que puede desarrollarse mediante plataformas digitales y videojuegos.
Para una familia, lo más útil no es buscar una palabra prohibida dentro del chat, sino observar el comportamiento completo: quién inició el contacto, cuánto sabe sobre el menor, con qué frecuencia escribe y por qué necesita que nadie conozca la relación.
Acompañar protege más que revisar a escondidas
La orientación difundida en Benito Juárez no plantea prohibir celulares, videojuegos o redes sociales. Propone conocer las plataformas utilizadas, compartir ocasionalmente esos espacios y construir confianza para que niñas, niños y adolescentes puedan contar cuando una interacción los hace sentir incómodos.
Cuando aparece un contacto preocupante, la cartilla del IMSS recomienda conservar los mensajes y números, escuchar sin juzgar y buscar orientación. Borrar inmediatamente la conversación puede eliminar información útil para identificar la cuenta y reconstruir lo sucedido.
Las jornadas laborales pueden dejar periodos sin supervisión directa, pero eso no convierte el problema en una culpa familiar. El acompañamiento también se construye mediante acuerdos de horarios, configuraciones de privacidad, personas adultas de confianza y conversaciones frecuentes.
Los testimonios conocidos en Cancún muestran que la primera señal no siempre es una fotografía explícita o una amenaza. A veces es una frase pequeña: “no le digas a nadie”. En ese momento, la conversación deja de parecer una amistad digital ordinaria y comienza a levantar una barrera entre el menor y quienes podrían protegerlo.





