Mercado 23 en alerta: el corazón popular de Cancún pierde clientes y vende al 2×1 para resistir

En los pasillos del Mercado 23 todavía están los colores, los aromas y las voces que acompañaron el crecimiento de Cancún. Lo que comienza a faltar son compradores.

Ni siquiera la temporada vacacional consiguió producir el repunte que esperaban sus comerciantes. Algunos vendedores han tenido que recurrir a promociones de dos por uno para desplazar mercancía y generar ingresos, una señal que revela algo más serio que una mala semana: el mercado tradicional más antiguo de la ciudad está perdiendo fuerza frente a una forma de consumir que cambió más rápido que sus instalaciones y su modelo comercial.

El problema no es solamente que se venda menos. El verdadero riesgo es que Cancún termine dejando atrás uno de los pocos espacios que todavía conservan la identidad de la ciudad que nació fuera de los hoteles.

Mientras millones de turistas recorren cada año el Caribe mexicano, el Mercado 23 —ubicado en el centro urbano y considerado durante décadas un punto esencial para las familias cancunenses— enfrenta la paradoja de estar en el principal destino turístico de México y, al mismo tiempo, no conseguir convertir ese enorme flujo de visitantes en prosperidad para sus locatarios.

El mercado no cambió de lugar. Sus clientes sí.

Las vacaciones llegaron, pero los compradores no

La más reciente alerta fue lanzada por los propios comerciantes. Las ventas no repuntaron durante las vacaciones y algunos negocios comenzaron a ofrecer promociones de dos por uno para obtener ingresos y evitar que la mercancía permaneciera estancada.

No existe, hasta ahora, un diagnóstico público que permita determinar con precisión cuánto han disminuido las ventas en todo el mercado. Los testimonios de los locatarios, sin embargo, no describen un episodio aislado.

En diciembre de 2025, comerciantes del Mercado 23 ya habían reportado una caída de hasta 60% frente a lo que esperaban vender durante la temporada navideña. Años antes también se documentaron descensos asociados con el regreso a clases, la pandemia y diferentes periodos de baja afluencia.

La repetición de estas alertas obliga a mirar más allá del calendario. Si las ventas disminuyen después de Navidad, durante el regreso a clases y también en vacaciones, quizá el problema ya no sea únicamente estacional. El Mercado 23 podría estar enfrentando un desgaste estructural: una pérdida progresiva de clientes que no será resuelta esperando la próxima fecha importante.

No hay elementos para hablar de una crisis económica general

La caída reportada por los locatarios no permite afirmar, por sí misma, que Cancún atraviese una crisis económica generalizada. Para sostenerlo sería necesario revisar indicadores más amplios de empleo, consumo, ingreso familiar y actividad comercial.

Lo que sí puede afirmarse es que una parte del comercio popular está teniendo dificultades para competir por el gasto cotidiano de los cancunenses.

Las cadenas de supermercados, tiendas de conveniencia, plataformas digitales y negocios con estacionamiento propio ofrecen ventajas que han modificado la manera de comprar: horarios prolongados, pagos electrónicos, promociones permanentes, entrega a domicilio y la posibilidad de encontrar numerosos productos en un solo lugar.

Frente a esto, el Mercado 23 conserva atributos que ninguna cadena puede fabricar fácilmente: historia, alimentos frescos, cocina tradicional, trato directo, productos regionales y una identidad profundamente vinculada con Cancún. El problema es que ese valor cultural no siempre está presentado, comunicado o aprovechado como una ventaja comercial.

Del mercado fundacional a un espacio que Cancún dejó de mirar

El Mercado 23, cuyo nombre oficial es Javier Rojo Gómez, es reconocido como el mercado público más antiguo de Cancún. Creció junto con las primeras colonias y con las familias que construyeron la ciudad turística desde tierra firme.

Antes de que existieran los grandes centros comerciales y la expansión urbana hacia nuevos polígonos, este mercado concentraba buena parte del abasto popular. Ahí se compraban frutas, verduras, carnes, flores, hierbas, piñatas, comida preparada, artículos religiosos, productos de temporada y mercancías difíciles de encontrar en otros puntos.

También se convirtió en un lugar de encuentro para habitantes provenientes de Yucatán, Campeche, Veracruz, Tabasco, Chiapas y otras entidades que llegaron a trabajar en la construcción de Cancún. Su relevancia, por lo tanto, no es exclusivamente económica. El Mercado 23 es parte de la memoria de la ciudad.

Pero Cancún se expandió hacia el sur, la avenida Huayacán y nuevos desarrollos habitacionales, mientras el mercado permaneció en una zona con problemas de movilidad, estacionamiento, imagen urbana, calor y accesibilidad.

La modernización prometida

En agosto de 2025 se informó que se preparaba un proyecto de remodelación con una inversión aproximada de 10 millones de pesos. La intervención contemplaba trabajos para mejorar la imagen y las condiciones del inmueble, aunque permanecían detalles por definir con los comerciantes.

La intención era relevante, pero una remodelación física no resolverá por sí sola la pérdida de compradores. Pintar fachadas, reparar instalaciones o mejorar el alumbrado puede hacer más agradable el espacio. Para recuperar competitividad se necesita, además, un verdadero proyecto comercial.

Eso implica responder preguntas que todavía no tienen una explicación pública suficientemente clara: cuántas personas visitan actualmente el mercado; cuánto ha disminuido su afluencia; qué negocios están cerrando; qué productos atraen compradores; cómo se conectará con los corredores turísticos; y cómo se resolverán el estacionamiento, la accesibilidad y la percepción de seguridad.

Sin esas respuestas, la remodelación corre el riesgo de mejorar el edificio sin transformar el futuro de quienes trabajan dentro.

Un tesoro turístico casi escondido

El Mercado 23 posee una ventaja que Cancún no ha utilizado plenamente: puede ofrecer al visitante una experiencia auténtica de ciudad.

Mientras el Mercado 28 se posicionó principalmente como un espacio de artesanías dirigido al turismo, el Mercado 23 conserva un perfil más local. En sus pasillos se encuentra la vida cotidiana de Cancún: los ingredientes de la cocina yucateca, los puestos de comida, las flores, las carnicerías, los productos frescos y la conversación directa con sus comerciantes.

Esa autenticidad es precisamente lo que muchos viajeros buscan cuando desean conocer algo distinto del hotel, la playa o los centros comerciales. Sin embargo, el mercado no aparece con suficiente fuerza dentro de la promoción turística institucional. Tampoco cuenta con una narrativa unificada, recorridos gastronómicos permanentes, señalización bilingüe, presencia digital coordinada o una agenda cultural capaz de convertirlo en una visita obligada.

La solución no consiste en convertirlo en una escenografía ni desplazar al comprador local. Su fortaleza está en seguir siendo un mercado verdadero, pero con mejores herramientas para atraer a residentes y visitantes.

No se trata de rescatar un edificio, sino una economía

Cada local que pierde ventas representa el ingreso de una familia. Detrás de los mostradores existen comerciantes que pagan mercancía, electricidad, transporte, permisos y salarios, incluso cuando el número de compradores disminuye.

Cuando un negocio ofrece dos productos por el precio de uno únicamente para mover inventario, la promoción deja de ser una estrategia de mercadotecnia y se convierte en una medida de resistencia.

Por eso, el Mercado 23 necesita algo más ambicioso que una intervención aislada:

  1. Un censo actualizado de locales activos, cerrados y disponibles.
  2. Una medición periódica de visitantes y ventas.
  3. Una estrategia común de identidad y promoción digital.
  4. Integración con rutas gastronómicas, históricas y turísticas.
  5. Capacitación para ventas por internet, pagos electrónicos y entregas.
  6. Mejoramiento de accesos, estacionamiento, limpieza, ventilación y seguridad.
  7. Actividades culturales capaces de atraer público durante todo el año.
  8. Participación directa de los locatarios en la remodelación y operación futura.

También se requiere una campaña dirigida a los propios cancunenses. No basta con pedirles que consuman local por nostalgia. Hay que darles razones concretas para regresar: calidad, precio, comodidad, variedad, experiencia y confianza.

El Mercado 23 todavía puede reinventarse

La caída de ventas no significa que el mercado esté condenado. Significa que el tiempo para actuar se está reduciendo.

Otros mercados tradicionales han conseguido renovarse sin perder su esencia mediante una combinación de comercio fresco, gastronomía, actividades culturales, promoción digital y mejores servicios. El Mercado 23 tiene los elementos para lograrlo, pero necesita coordinación entre comerciantes, autoridades municipales, sector turístico y ciudadanía.

Lo verdaderamente preocupante no sería que una temporada vacacional haya resultado mala. Lo grave sería acostumbrarse a ver los pasillos cada vez más vacíos y aceptar que uno de los espacios fundacionales de Cancún desaparezca lentamente.

Porque el Mercado 23 no es solamente un sitio donde se venden productos. Es una parte del Cancún que casi nunca aparece en las postales: el Cancún de quienes llegaron para construir la ciudad, levantaron negocios, formaron familias y convirtieron un campamento turístico en un hogar.

Hoy ese mercado está pidiendo algo más que compradores. Está pidiendo que Cancún vuelva a mirarlo.

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