Qué es la leishmaniasis y por qué aumenta en Quintana Roo

Persona con ropa de manga larga caminando en una zona selvática de Quintana Roo, como medida de prevención ante insectos transmisores de leishmaniasis cutánea.

Quintana Roo enfrenta una alerta sanitaria que no debe leerse como un dato aislado. La leishmaniasis cutánea, conocida en algunas zonas como úlcera de los chicleros, mantiene al estado en el primer lugar nacional de casos durante 2026, con una concentración que rebasa por mucho al resto del país.

De acuerdo con reportes basados en el Sistema Especial de Vigilancia Epidemiológica, hasta finales de junio Quintana Roo acumulaba 236 de los 358 casos confirmados en México, es decir, 65.9% del total nacional. Una semana después, el registro difundido por RCA Cancún elevó la cifra a 256 casos en Quintana Roo, de 400 reportados en el país; de ellos, 233 correspondían a hombres y 23 a mujeres.

Una enfermedad de la piel que puede dejar secuelas

La leishmaniasis es una enfermedad parasitaria causada por microorganismos del género Leishmania. Se transmite a humanos y animales por la picadura de insectos flebótomos hembras, conocidos popularmente como mosca chiclera, palomilla o mosca de arena. La OPS explica que la leishmaniasis cutánea y mucosa afecta principalmente la piel y las mucosas; en las Américas, la transmisión se asocia sobre todo a flebótomos del género Lutzomyia.

El problema no es solo la picadura. La lesión puede iniciar como una pequeña marca, avanzar a una úlcera indolora y tardar semanas o meses en cerrar. En algunos casos, si no hay atención oportuna, puede dejar cicatrices permanentes o complicarse. Un reporte clínico publicado en SciELO documenta que la forma cutánea puede presentar lesiones en piel y que la detección temprana es crucial por su impacto en salud pública.

Por qué Quintana Roo concentra tantos casos

La explicación no está únicamente en el insecto. Está en el territorio. La transmisión se favorece en zonas con vegetación abundante, humedad, materia orgánica en descomposición, áreas selváticas, cañeras y comunidades rurales. Por eso, el riesgo aumenta para personas que trabajan, caminan o duermen en espacios abiertos, especialmente en horarios de mayor actividad del vector.

El patrón de casos también da una pista social. En Quintana Roo, la mayoría de los contagios reportados corresponde a hombres, lo que puede relacionarse con actividades laborales en zonas selváticas, rurales o de campo. En 2025, la Secretaría de Salud federal ya ubicaba a Quintana Roo entre los estados con mayor registro de leishmaniasis cutánea, con 20 de 56 casos nacionales hasta la semana epidemiológica 21; para 2024, la entidad acumuló 91 casos.

La UNAM advierte además que el cambio climático influye en la propagación de la leishmaniasis, porque el aumento de temperaturas puede modificar la distribución geográfica y el tamaño de las poblaciones de flebótomos. En México, la universidad reportó más de 7 mil casos en los últimos 10 años, con picos nacionales en 2019 y 2023.

Qué debe saber la población antes de entrar a zonas rurales o selváticas

Quien visite, trabaje o transite por zonas rurales, selváticas o de alta humedad debe entender que el riesgo no se reduce a “un piquete”. Las recomendaciones básicas son usar ropa de manga larga, pantalón, calzado cerrado, repelente, mosquiteros y evitar dormir a la intemperie. El CDC señala que las personas con mayor exposición están en zonas donde existe el parásito y que las picaduras son más probables del anochecer al amanecer; también recomienda repelentes y ropa que reduzca la piel expuesta.

La alerta ciudadana debe estar en cualquier lesión que no cicatrice, crezca, forme costra o se convierta en úlcera. En esos casos, la recomendación no es automedicarse ni aplicar remedios caseros, sino acudir a una unidad de salud. La Federación informó recientemente que México fortalece la atención integral contra la leishmaniasis mediante el programa de prevención, tratamiento y control 2025–2030.

Quintana Roo no enfrenta solo una enfermedad tropical. Enfrenta una señal sobre la relación entre salud pública, territorio, trabajo rural, cambio ambiental y acceso oportuno a diagnóstico. La leishmaniasis no siempre mata, pero sí puede marcar la piel, dejar secuelas y exhibir qué tan preparada está una comunidad para protegerse antes de entrar a la selva.

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