José Juárez Gil vuelve a pedir apoyo como defensor de animales. Pero su historia incluye diez grandes felinos asegurados, turistas que pagaban por fotografiarse con ellos y una revisión del jaguar que conserva a la que negó el acceso. Detrás de los videos también hay disputas por terrenos que deben explicarse con documentos.
Pepe Tigre quiere que Cancún vea a un hombre mayor al que le quitaron sus animales y sus tierras. Antes de firmar por él, hay que conocer al dueño del restaurante que cobraba por fotografías con grandes felinos. Y preguntarle por qué no dejó revisar al jaguar que todavía mantiene.
José Juárez Gil volvió a las redes desde las ruinas de su antiguo negocio en la Zona Hotelera. Aparece un jaguar, se habla de predios en disputa y se pide apoyo para una causa presentada como defensa de la fauna. El problema es que los animales y los terrenos no son el mismo expediente. Una campaña de firmas no demuestra quién tiene derecho sobre una propiedad. Tampoco demuestra que un jaguar esté sano.
El restaurante de Pepe Tigre cobraba por fotos con felinos
No se trata de juzgar el pasado con una foto sacada de contexto. Profepa documentó cómo funcionaban las instalaciones de Pepe Tigre y en qué condiciones encontró a sus animales.
En 2011, las autoridades federales aseguraron diez grandes felinos en dos inmuebles relacionados con Pepe Jaguar Kingdom: uno en la carretera Cancún-Aeropuerto y otro en el bulevar Kukulcán.
Profepa reportó encierros inseguros, trato inadecuado y problemas con la procedencia de los ejemplares. Después describió sitios sucios, alimentación precaria, falta de atención médica y turistas que pagaban por fotografiarse con los felinos.
Ocho animales mejoraron tras ser trasladados a otros espacios. Un tigre llamado Satán murió. El expediente también refiere ejemplares desnutridos y con lesiones o infecciones.
La señal de peligro venía de antes. En 2010, un tigre siberiano escapó de una unidad de manejo de Juárez Gil después de herir gravemente a su cuidador. Profepa señaló medidas de seguridad insuficientes.
Si un restaurante abriera hoy en Cancún y cobrara a los clientes por retratarse con tigres y jaguares, ¿quienes ahora defienden a Pepe lo llamarían santuario? Esa pregunta merece una respuesta antes de convertir al propietario del negocio en emblema de protección animal.

Pepe dice que su jaguar está bien. No permitió comprobarlo
En los videos difundidos durante septiembre, visitantes recorren el antiguo restaurante y participan en la preparación de alimento para un jaguar que permanece allí. Juárez Gil asegura contar con documentos y apoyo veterinario. Ninguna grabación sustituye la identificación del animal, sus papeles ni una valoración clínica reciente.
El 24 de septiembre, personal de Profepa acudió al inmueble de la Zona Hotelera acompañado por integrantes de la Alianza Nacional para la Conservación del Jaguar y elementos de la Guardia Nacional. Buscaban verificar la situación del ejemplar y, de ser posible, revisarlo físicamente.
Pepe negó el acceso. Según el reporte de la periodista Adriana Varillas, los inspectores levantaron un acta circunstanciada, pero no pudieron examinar al jaguar.
Su negativa no prueba que el animal esté enfermo. Sí impide que la gente sepa si está bien.
Pepe no puede pedir una movilización en nombre de los jaguares y pretender que su palabra cierre la discusión sobre el único que aparece bajo su cuidado hoy.
Hay un dato que juega a su favor: tras el aseguramiento de 2011, Profepa le devolvió una jaguar negra porque acreditó su posesión y procedencia legal. Debe reconocerse. Pero todavía falta establecer si es el mismo ejemplar de los videos de 2026, cuál es su identificación y qué condiciones de manejo lo amparan actualmente.

En Bonfil buscaron felinos. Encontraron jaulas vacías
La campaña también mezcla la historia del restaurante en Kukulcán con los reclamos de Pepe sobre otros terrenos.
En un recorrido del 21 de septiembre por un predio de Bonfil, donde se había denunciado la presencia de más felinos, no se encontró ningún animal.
El reporte de Varillas indica que había cinco antiguos encierros deteriorados y que la agencia estatal Agepro ganó ese predio en juicio. Para conocer exactamente qué se resolvió, hace falta examinar la sentencia y la identificación registral del terreno.
El jaguar actual está en la Zona Hotelera. El predio que ese reporte identifica como ganado en juicio está en Bonfil. No hay que convertirlos en una sola propiedad ni afirmar, sin una resolución específica, que Pepe invadió el inmueble de Kukulcán o que ya está obligado por sentencia a desocuparlo.
Hay otra fecha que tampoco se puede mover a conveniencia. En 2013, Juárez Gil denunció la desaparición de una jaguar negra durante una disputa por un terreno. Declaró entonces que no sabía si la habían robado, liberado o matado. Si hoy alguien asegura que la asesinaron, debe mostrar cómo se estableció ese hecho y a qué ejemplar se refiere.

¿Qué relación tuvo Pepe Tigre con el Negro Durazo?
También llegó a esta investigación una versión sobre una presunta relación de Pepe Tigre con Arturo «el Negro» Durazo y sobre un supuesto cargo policial o gubernamental de Juárez Gil durante aquella época.
Hasta ahora no encontramos un nombramiento, una fecha de servicio ni otro documento que permita afirmar ese vínculo como hecho.
La pregunta queda planteada directamente a Pepe: ¿conoció a Durazo, trabajó con él o desempeñó algún cargo bajo su mando? ¿Cuál y en qué años?
Si existe esa conexión, debe conocerse y documentarse. El peso de ese nombre exige pruebas, no una insinuación.
Los animalistas que apoyan a Pepe también deben exigirle cuentas
Sería falso decir que ningún defensor de animales acudió: especialistas de la Alianza Nacional para la Conservación del Jaguar acompañaron el intento de revisión.
La contradicción está entre quienes piden apoyo incondicional para Pepe y no le exigen con la misma fuerza que permita examinar al ejemplar.
Juárez Gil tiene derecho a defender cualquier propiedad que considere suya. Que muestre títulos, expedientes y sentencias. También tiene derecho a explicar su versión del aseguramiento de 2011 y a exhibir los documentos del jaguar que conserva.
Pero si la causa pública son los animales, el primer compromiso no puede ser salvarle un terreno a Pepe Tigre. Tiene que ser saber cómo está el jaguar.
Hasta que se identifique al ejemplar, se conozcan sus documentos y se permita una valoración independiente, Cancún corre el riesgo de tomar partido en un pleito de tierras mientras el animal que encabeza la campaña sigue sin poder ser revisado.





