En Tihosuco, una iglesia herida, una antigua casona y los nombres de Jacinto Pat, Cecilio Chi y Manuel Antonio Ay sostienen una parte decisiva de la historia de Quintana Roo. Allí, el 28 de julio de 2026, se conmemoraron 179 años del inicio de la Lucha Social Maya, movimiento históricamente denominado Guerra de Castas y reconocido por su dimensión política, territorial y comunitaria.
La ceremonia preserva la memoria de quienes enfrentaron opresión, pobreza y desigualdad durante el siglo XIX. Su alcance contemporáneo también puede leerse en los instrumentos que convierten el reconocimiento histórico en educación bilingüe, protección de la lengua maya, conservación patrimonial, participación comunitaria y acceso a servicios.
Una conmemoración respaldada por derechos
Desde 2014, el 28 de julio es el Día Estatal de la Lucha Social Maya. En 2018, el marco conmemorativo se amplió del 26 al 30 de julio, con Tihosuco y Tepich dentro del programa anual y al menos una actividad en cada municipio de Quintana Roo.
Ese reconocimiento convive con una estructura jurídica más amplia. La Ley de Derechos, Cultura y Organización Indígena de Quintana Roo garantiza la preservación y promoción del idioma, el acceso a la justicia con intérpretes, la educación básica bilingüe y bicultural, la protección del patrimonio cultural y la participación de las comunidades en programas públicos.
La legislación también reconoce formas propias de organización y encomienda al Instituto para el Desarrollo del Pueblo Maya y las Comunidades Indígenas formular un presupuesto consolidado, evaluar políticas, organizar consultas y publicar un informe anual sobre los avances alcanzados.

El territorio donde los derechos pueden medirse
El Censo de Población y Vivienda 2020 registró 83 mil 990 habitantes en Felipe Carrillo Puerto y colocó a Tihosuco como su segunda localidad más poblada, con 5 mil 228 personas. En el municipio, 59.48% de la población de tres años y más hablaba alguna lengua indígena; de ese grupo, 99.1% utilizaba maya.
Los datos también permiten observar el territorio donde operan esos derechos. En Felipe Carrillo Puerto, 42.6% de las viviendas disponía de agua entubada, 28.1% tenía internet y 83.6% de la población estaba afiliada a servicios de salud. Entre las personas de 15 años y más, 8.5% no tenía escolaridad y 56.9% contaba con educación básica.
Estas cifras no reducen la identidad maya a indicadores sociales. Ayudan a dimensionar el alcance que pueden tener la educación intercultural, los contenidos en lengua maya, la atención pública bilingüe, la conectividad comunitaria y la continuidad de servicios esenciales. El valor de una política se entiende mejor cuando puede seguirse por localidad, generación y lengua.
Presupuesto, patrimonio y participación comunitaria
El Presupuesto de Egresos de Quintana Roo para 2026 asciende a 53 mil 981.8 millones de pesos. Dentro de la arquitectura programática del INMAYA aparecen líneas para orientación sobre derechos, consultas, traducción e interpretación, cursos de lengua, apoyo a dignatarias y dignatarios, patrimonio inmaterial, economía familiar y necesidades comunitarias.
Los programas están distribuidos entre distintas materias y dependencias. En la información consultada no aparece una sola cuenta que reúna cuánto del gasto conjunto en educación, cultura, salud, caminos, agua y desarrollo social llega específicamente a las comunidades mayas. Una lectura consolidada permitiría relacionar recursos, localidades atendidas, personas beneficiadas y resultados.
Tihosuco posee además una base patrimonial excepcional. Desde 2019, su Zona de Monumentos Históricos protege 0.331 kilómetros cuadrados y 31 inmuebles construidos entre los siglos XVII y XIX. El conjunto incluye el Museo de la Guerra de Castas, instalado en una casona vinculada con Jacinto Pat, el Templo del Santo Niño Jesús y la biblioteca Santiago Pacheco Cruz.
La Lucha Social Maya dejó una memoria que Quintana Roo honra cada año. Su expresión más duradera aparece cuando la lengua se transmite, el patrimonio permanece vivo, los servicios llegan con pertinencia cultural y las comunidades intervienen en las decisiones relacionadas con su futuro. Allí, entre la ceremonia y la vida cotidiana, el homenaje adquiere resultados.




