Piedras que susurran: el alma y la historia grabada en el Centro de Cancún

Horacio Cárdenas, artista plástico radicado en Cancún con 40 años de trayectoria.

Caminar por las avenidas, plazas y camellones del Centro de Cancún es mucho más que cruzar calles o llegar a un destino: es escuchar la voz suave de quienes construyeron este hogar, recorriendo las páginas vivas de la historia de una de las ciudades más jóvenes de México.

Cada escultura, cada fuente y cada conjunto monumental que se alza en este corazón urbano no es un adorno puesto al azar, ni un simple punto para tomar fotografías: son el testimonio del origen de Cancún, el reconocimiento a sus raíces profundas y el trabajo consciente de artistas que quisieron grabar en el paisaje público la identidad que nos une, como un abrazo que nunca se termina.

Muchas de estas obras se levantaron en los primeros años de la ciudad, cuando apenas se terminaban de trazar sus primeras avenidas y se empezaba a dibujar lo que hoy conocemos. Fueron pensadas para que quienes vivían aquí, y quienes llegaran después, nunca olvidaran que antes de los hoteles y los grandes bulevares, estas costas tenían siglos de vida, y que el crecimiento debía ir siempre de la mano del respeto por quienes las habitaron primero.

La primera de estas piezas emblemáticas es el Monumento al Pescador, ubicado en la intersección de la Avenida Tulum y la Avenida Chichén Itzá, inaugurado en 1975. Es obra del escultor mexicano Luis A. Soto, que creó una figura firme y serena: un hombre que sostiene su red y dirige la mirada hacia el mar Caribe, como quien cuida el tesoro que siempre le ha dado sustento.

Con ella rinde homenaje a las comunidades mayas y pesqueras que vivieron en esta zona durante generaciones, manteniendo su vínculo con la selva y el océano mucho antes de que el proyecto de Cancún como destino turístico viera la luz. Es un recordatorio de que no partimos de la nada, sino de una tradición de vida en armonía con el territorio.

Poco después, en 1978, se instaló en el camellón central del Boulevard Kukulcán —entre la Avenida Tulum y la calle Bonampak— el Monumento a José Martí, creación del reconocido escultor cubano José Delarra.

Esta obra tuvo un significado especial desde su nacimiento: fue la primera pieza que Delarra realizó fuera de su país natal, y representa el valor del pensamiento del prócer latinoamericano, su defensa de la libertad, la hermandad entre los pueblos y su visión de una América unida.

Con sus trece metros de altura y sus formas abstractas que conectan la tierra con el cielo, lleva grabada una de sus frases más recordadas: “Yo vengo de todas partes y hacia todas partes voy”.

En el punto exacto donde convergen el Boulevard Kukulcán, la Avenida Tulum y la Avenida Cobá —la puerta de enlace entre el centro urbano y la zona hotelera— se alza desde 1994 la Fuente Escultórica “Fantasía Caribeña”, diseñada por la escultora mexicana Lorraine Pinto.

Compuesta por un espejo de agua y esculturas detalladas de conchas, caracoles y estrellas de mar, la obra celebra la riqueza natural que define a Cancún, y funciona como un saludo cálido a quienes llegan y a quienes transitan a diario.

En este mismo lugar se encontraba anteriormente la Fuente “Diálogo Norte-Sur”, que también simbolizaba el encuentro entre culturas y regiones.

Muy cerca de allí, en el cruce de la Avenida Tulum y el Boulevard Kukulcán, se inauguró en 1981 el Monumento a la Historia de Cancún, el primer conjunto creado específicamente para narrar el recorrido propio de la ciudad.

Consta de tres grandes pilares que representan sus tres etapas fundamentales: el pasado, con relieves que evocan la arquitectura y la vida de la cultura maya; el presente, con alusiones al esfuerzo de los trabajadores, ingenieros y familias que llegaron de todo el país para levantarla; y el futuro, como compromiso de seguir creciendo sin perder lo que nos hace únicos.

También de la autoría del cubano José Delarra es el Monumento a la Historia de México, ubicado en la intersección de la Avenida Tulum y la Avenida Uxmal.

Sus formas geométricas ordenadas y superpuestas recorren los momentos clave de nuestro país: desde las civilizaciones prehispánicas, pasando por la época colonial, la lucha por la independencia y la Revolución, hasta llegar al México moderno.

Con esta pieza se quiso dejar claro que la historia de Cancún forma parte indisoluble de la historia de Quintana Roo y de todo el territorio nacional.

Se suman a este recorrido el Monumento a la Madre, en la esquina de la Avenida Yaxchilán y la calle Sunyaxchilán, que reconoce el papel fundamental de las mujeres y las familias como el corazón de la comunidad; la Fuente de la Amistad, en la plaza frente al Palacio Municipal, que simboliza la unión entre vecinos fundadores, nuevos habitantes y visitantes; las piezas del Parque de las Palapas —donde destacan el homenaje a los primeros fundadores de la ciudad y la escultura de la diosa maya Ixchel—; y el Monumento a la Bandera, en la explanada municipal, que reafirma nuestro vínculo con los símbolos patrios y la incorporación de la región al país.

Todas estas obras fueron concebidas como un legado para las generaciones presentes y futuras, como un mensaje grabado en piedra que pide ser escuchado con respeto.

Por eso es fundamental recordar que no deben usarse con fines que solo busquen llamar la atención, ni alterarse, ni dañarse, ni ser tratadas como meros escenarios para contenido que no respete su sentido.

Cada marca, cada uso indebido o cada falta de cuidado borra un fragmento de nuestra propia memoria colectiva.

Cuidarlas, respetarlas y valorarlas por lo que realmente son: eso es honrar a los artistas que las crearon, a las comunidades que nos precedieron y a todos los que hoy llamamos a Cancún nuestro hogar.

Son la historia de una ciudad joven, escrita para siempre en su paisaje, esperando que nos detengamos un momento para escuchar lo que sus piedras nos quieren decir.

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