Durante décadas, Quintana Roo ha visto a Belice como el pequeño vecino del sur. Mientras nosotros observamos un país de 22,966 kilómetros cuadrados y alrededor de 411 mil habitantes, inversionistas de Asia, Europa, Medio Oriente y Norteamérica han entendido que su valor no está solamente en su tamaño, sino en su ubicación.
Belice recibió más de 562 mil turistas de estancia en 2024. Su oferta alcanzó 1,256 establecimientos y 11,397 habitaciones, mientras el gasto turístico representó aproximadamente 21.1% de su PIB. Además, importa bienes por más de 1,300 millones de dólares al año y mantiene un arancel aplicado promedio cercano al 13%, aunque ciertos productos pagan más.
La oportunidad no consiste únicamente en venderle a Belice. Consiste en producir desde Belice. Belice pertenece a CARICOM, un bloque de 15 Estados y cerca de 19 millones de personas. También participa en acuerdos con la Unión Europea, Reino Unido, Costa Rica, Colombia, Cuba, República Dominicana y Venezuela; mantiene un acuerdo parcial con Guatemala y otro económico con Taiwán.
Pero instalar una empresa no convierte automáticamente sus productos en beliceños. Para obtener trato preferencial dentro de CARICOM, el bien debe ser originario de la región o cumplir una transformación sustancial conforme a la regla de su partida arancelaria. Importar una toalla terminada, etiquetarla y reempacarla no basta.
Importar hilo o tela y realizar en Belice tejido, corte, costura, teñido, ensamblaje y acabado sí podría acreditar origen, siempre que se cumplan los porcentajes, cambios arancelarios o procesos técnicos exigidos. Después, una autoridad competente debe expedir el certificado de origen.
Ahí aparecen tres industrias naturales para empresarios quintanarroenses: blancos hoteleros; amenidades como jabones, shampoo y kits de hospitalidad; y mobiliario para climas tropicales. No competirían con la producción tradicional de Belice: sustituirían importaciones y atenderían una demanda recurrente.
El Caribe contaba al cierre de 2023 con aproximadamente 280 mil habitaciones hoteleras y recibió 34.2 millones de turistas de estancia en 2024. Si una industria regional capturara entre 1,200 y 2,000 dólares anuales por habitación en blancos, amenidades y reposición gradual de mobiliario, el mercado potencial rondaría entre 336 y 560 millones de dólares al año. La proyección excluye rentas vacacionales, hospitales, restaurantes y nuevas aperturas.
Jamaica, Bahamas, Barbados, Trinidad y Tobago, Guyana, Santa Lucía, Antigua y Granada serían mercados inmediatos dentro de CARICOM. República Dominicana, Aruba y Curazao ampliarían el horizonte caribeño, aunque no todos compartan el mismo régimen aduanero.
La geografía ya hizo su parte: Quintana Roo comparte frontera, experiencia turística y capacidad logística con Belice. Mientras otros ya invierten, nosotros seguimos observando. Belice puede dejar de ser el vecino pequeño del sur y convertirse en la puerta industrial de México hacia el Caribe. La pregunta no es si ese mercado crecerá. La pregunta es quién llegará primero para crecer con él.
¡Hasta la próxima semana, con nuevos retos y oportunidades!
Sin miedo a la cima, que el éxito ya lo tenemos.
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