¿Quién pagará la vida de los delfines fuera de los espectáculos?

Los delfines bajo cuidado profesional necesitarán alimentación y atención veterinaria durante el resto de sus vidas.

La transición de los delfinarios no concluye al suspender una acrobacia o retirar una experiencia turística. Los delfines bajo cuidado profesional pueden vivir todavía varios años y requieren alimentación diaria, médicos veterinarios, monitoreo del agua, medicamentos, personal especializado e instalaciones capaces de resistir contingencias ambientales.

Desde julio de 2025, la Ley General de Vida Silvestre prohíbe utilizar mamíferos marinos en actividades distintas de la investigación, conservación, recuperación o resguardo autorizado. La reforma también impide su reproducción con fines comerciales y ordena que los cetáceos permanezcan en corrales marinos o instalaciones abiertas con intercambio de agua.

El cambio establece una ruta de salida para la industria, pero no elimina el costo de mantener con bienestar a los ejemplares que ya viven en cautiverio.

Los propietarios mantienen la responsabilidad sobre los delfines existentes

El decreto permite que propietarios y poseedores continúen las actividades incluidas en sus planes de manejo anteriores hasta la baja de cada ejemplar, con excepción de la reproducción. También les concedió 90 días para entregar a la Semarnat un inventario con especie, edad, sexo, identificación, procedencia y fotografías de cada cetáceo.

La norma dio un plazo máximo de 18 meses, contado desde la presentación del inventario, para trasladarlos a corrales marinos o colocarlos en alguno de los supuestos legales de conservación, rescate o reintroducción. Mientras permanezcan bajo su posesión, las empresas deben sostener el manejo profesional y cumplir los planes autorizados.

La responsabilidad financiera resulta todavía más explícita cuando ocurre un nacimiento accidental: el decreto dispone que los propietarios de los ejemplares reproductores deberán cubrir la manutención y los cuidados de la cría, sin obtener lucro directo o indirecto.

Así, la primera fuente de recursos continúa vinculada con quienes administraron y obtuvieron ingresos de los delfinarios. La transición no traslada automáticamente la manutención a instituciones públicas ni convierte a los animales en ejemplares capaces de regresar inmediatamente al océano.

Un santuario marino necesita financiamiento durante décadas

Un santuario para delfines requiere mucho más que delimitar una superficie de mar. Su operación incluye estudios de corrientes y calidad del agua, redes y plataformas, refugios ante fenómenos meteorológicos, embarcaciones, vigilancia, alimentación, laboratorio, medicamentos y personal veterinario permanente.

También necesita áreas de adaptación. Los animales acostumbrados al cuidado humano pueden presentar condiciones clínicas o conductuales que impidan su liberación directa. La propia reforma establece que cualquier ejemplar considerado candidato deberá ser evaluado por la autoridad y someterse a una metodología específica.

Experiencias internacionales muestran que los estudios de viabilidad para santuarios deben analizar de manera conjunta el bienestar animal, la ingeniería y el financiamiento. Su sostenimiento puede combinar aportaciones de las empresas responsables, donativos, fondos de organizaciones, cooperación científica y fideicomisos con reglas transparentes.

En Cozumel, una instalación de esta naturaleza tendría además que responder a las condiciones del Caribe: corrientes, calidad del agua, temporadas de huracanes, conectividad veterinaria y compatibilidad con la conservación marina.

El retiro de los espectáculos necesita cuentas públicas y compromisos de largo plazo

México todavía requiere una versión pública consolidada del inventario entregado por los poseedores para conocer cuántos delfines existen, dónde se encuentran, qué edad tienen y cuáles podrían ser trasladados. Una organización empresarial del sector estimó en 2025 alrededor de 300 delfines cautivos en el país, pero esa cifra no sustituye el registro oficial ordenado por la ley.

Con esa información será posible calcular el costo anual de alimento, médicos, infraestructura y vigilancia para cada ejemplar. También permitirá establecer cuánto correspondería aportar a operadores privados y qué participación podrían tener organizaciones científicas o fondos de conservación.

La vida de los delfines continuará mucho después del último boleto vendido. Su retiro necesita contratos, recursos protegidos y supervisión veterinaria que permanezcan aun cuando cambien las empresas, los administradores o el destino de las instalaciones.

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