El sargazo que entra a una planta piloto de Playa del Carmen ya no termina únicamente como residuo retirado de la costa. Después de un proceso térmico, parte de esa biomasa se convierte en biocarbón, un polvo oscuro que puede incorporarse a materiales utilizados por la industria de la construcción.
La instalación operada por RubisCO2 procesa actualmente alrededor de dos toneladas de sargazo al día, de acuerdo con información divulgada por la empresa durante la Cuarta Conferencia UE-Caribe Global Gateway sobre Sargazo, celebrada en Cancún.
El dato cambia el enfoque habitual sobre esta macroalga: aquí la historia no termina cuando se recoge de la playa, sino cuando se pregunta en qué se convierte realmente después.
Del alga húmeda a un polvo de carbono
El producto final no es cemento fabricado con sargazo.
RubisCO2 somete la biomasa a un proceso termoquímico. Según la explicación de la empresa, el tratamiento separa componentes mediante calor y deja una forma estable de carbono que termina como un polvo negro.
La Semarnat ya había documentado en 2025 esta tecnología y la describió como un proceso capaz de convertir el sargazo en biocarbón utilizado como agregado para construcción, además de generar energía durante la transformación.
Ese material puede añadirse posteriormente a determinadas mezclas.
La Jornada reportó que las pruebas desarrolladas por la empresa contemplan sustituir hasta 5% del cemento mediante material derivado del sargazo. La misma fuente señala que ya se ha utilizado, en colaboración con concreteras, en viviendas, un restaurante y losas para plazas comerciales.
Por eso, decir que “el sargazo se convierte en cemento” simplificaría demasiado el proceso. Lo más preciso es señalar que termina convertido en un insumo capaz de sustituir parcialmente cemento dentro de algunas mezclas de construcción.

Dos toneladas al día todavía son escala piloto
La capacidad actual sigue siendo limitada frente a la cantidad de sargazo que llega a las costas.
La planta de Playa del Carmen procesa dos toneladas diarias, mientras la empresa prepara una siguiente etapa industrial con una capacidad muy superior. La Jornada Maya reportó un proyecto para procesar 50 toneladas al día, mientras otra entrevista publicada por La Jornada mencionó una proyección de 60 toneladas diarias para 2027.
Esa diferencia entre estimaciones futuras no modifica el dato central de la operación actual: la instalación que ya funciona está en fase piloto.
Lo que sí permite observar es el salto que requeriría pasar de una demostración tecnológica a un aprovechamiento de mayor escala.
El carbono queda atrapado en el material
La empresa sostiene que otro objetivo del proceso es evitar que el carbono contenido en el sargazo vuelva rápidamente a la atmósfera durante su descomposición.
Una vez transformado en biochar o biocarbón, ese carbono queda en una forma más estable y puede seguirse hasta el sitio donde sea utilizado. RubisCO2 afirma que desarrolla una cadena de trazabilidad para saber cuándo se recibe cada carga, cuándo se procesa y en qué construcción termina empleada.
La relevancia está en que el aprovechamiento ya puede medirse en un producto concreto: dos toneladas diarias de sargazo entran a una planta y salen convertidas en materia prima para construcción.
No resuelve por sí solo el volumen total que llega al Caribe mexicano, pero sí muestra una ruta distinta a la disposición final: pasar de retirar el alga a transformarla en un material con uso industrial.





