El mapa de los saberes mayas que siguen vivos

Niñas y niños comparten saberes mayas en Chetumal.

Los saberes mayas de Quintana Roo no viven únicamente en museos, archivos o ceremonias. Permanecen en las manos que reconocen una planta medicinal, tensan los hilos de una hamaca, convierten el bejuco en una pieza útil o afinan los instrumentos que acompañan al Mayapax.

Esa herencia tomó presencia nacional en Chetumal, sede por primera vez del Encuentro Nacional de Saberes Locales. Del 20 al 22 de julio, la octava edición reunió a 57 niñas, niños y adolescentes de 20 estados; 12 representantes llevaron conocimientos de comunidades quintanarroenses.

Herbolaria, bejuco y Mayapax trazan la primera ruta

La representación de Quintana Roo compartió herbolaria maya, tejido de bejuco, urdido de hamacas, bordado, lengua maya y danza Mayapax. Son prácticas distintas, pero tienen un mismo punto de origen: fueron aprendidas dentro de una familia o comunidad y necesitan transmisión constante para mantenerse vigentes.

Entre las participantes estuvo Ceiba Busambra Xolalpa, de nueve años y originaria de José María Morelos, quien habló del orgullo de enseñar sus raíces y conocer lo que otras infancias practican en sus lugares de origen. El encuentro también incluyó talleres, demostraciones, platicaderos y microdocumentales donde las propias niñas, niños y adolescentes asumieron el papel de portadores culturales.

La herbolaria maya conserva una presencia reconocible en José María Morelos. En ese municipio, el INMAYA y la Universidad Intercultural Maya de Quintana Roo han reunido a parteras, especialistas comunitarios y estudiantes para intercambiar conocimientos sobre medicina tradicional y plantas. El Mayapax, por su parte, mantiene agrupaciones en comunidades de la zona maya como Chunhuás, X-Hazil Sur y Kopchén, vinculadas con una expresión musical de más de 150 años.

Mapa cultural de prácticas tradicionales de Quintana Roo.

La lengua maya también necesita nuevos hablantes

El mapa cultural estaría incompleto sin la lengua Maayat’aan. El Censo de 2020 registró 174 mil 817 hablantes de maya en Quintana Roo; ocho de cada diez personas que hablan una lengua indígena en el estado utilizan esta lengua.

A escala nacional, el INALI contabiliza 774 mil 755 hablantes, pero señala que solo 19.42% de niñas y niños dentro de las localidades consideradas la hablan. La cifra muestra que una lengua con cientos de miles de usuarios también necesita presencia cotidiana entre las generaciones más jóvenes.

Hablar maya en casa, utilizarla en actividades escolares, escucharla en la música y nombrar plantas, alimentos o espacios comunitarios permite que la lengua continúe funcionando como una forma completa de comprender el territorio.

Un mapa construido con personas y lugares de aprendizaje

Una cartografía de saberes vivos de Quintana Roo necesita registrar algo más que municipios. Cada punto tendría que relacionar la práctica, la comunidad, la persona que enseña, quienes están aprendiendo y el espacio donde ocurre esa transmisión.

La información pública del encuentro identifica las seis expresiones representadas por Quintana Roo, aunque no presenta la comunidad de origen de cada uno de los 12 participantes. Completar esa geografía permitiría observar cuáles conocimientos cuentan con varios aprendices y cuáles dependen de pocas personas mayores.

El Encuentro Nacional de Saberes Locales convirtió a las infancias en maestras durante tres días. Su mayor significado está en reconocer que la continuidad cultural no pertenece únicamente al pasado. Se construye cada vez que una niña aprende, practica y decide compartir lo que recibió de su comunidad.

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