Los informes de gobierno suelen medirse en millones de pesos, obras y programas. Pero existe una manera mucho más sencilla de saber si un gobierno está funcionando: preguntar cuántas vidas cambiaron.
Por eso el “Sí se pudo” del Cuarto Informe de Mara Lezama tiene que medirse con números.
Más de 200 mil quintanarroenses salieron de la pobreza y ésta se redujo más de 38%. Hoy, más de 491 mil personas reciben beneficios de programas estatales de bienestar. No significa que todos sean pobres; significa algo quizá más importante: la red social no solamente alcanza a quienes están en pobreza, sino también a una enorme franja de familias vulnerables que necesitan alimentación, salud, vivienda, educación o apoyo antes de caer en ella.
La seguridad alimentaria pasó de 70% a 76.5%. Dicho de otra forma: la proporción sin seguridad alimentaria bajó de 30% a 23.5%. Comemos Tod@s atiende a 60 mil personas y en las escuelas se sirvieron más de 7.3 millones de desayunos calientes a casi 51 mil niñas y niños de 622 planteles. Para una madre eso no es un indicador: significa saber que su hijo estudió después de haber comido.
En salud sucede algo todavía mayor. Quintana Roo pasó de no contar con una sola sala pública de hemodinamia a tener dos, en Cancún y Chetumal. Las 42 unidades médicas móviles y la red fija han proporcionado más de 1.6 millones de servicios gratuitos.
Y viene una transformación estructural: 11 proyectos hospitalarios y de alta especialidad; cinco obras en desarrollo por más de 5 mil 500 millones de pesos. Más camas significan menos espera; más especialidades, menos necesidad de viajar; más tecnología pública, menos familias obligadas a endeudarse para buscar una alternativa privada. Ése es el verdadero valor de construir un hospital.
También hay resultados donde literalmente hablamos de vidas. Los homicidios dolosos disminuyeron más de 60%. Al inicio de la administración se registraba, en promedio, uno cada 13 horas con 33 minutos; actualmente es uno cada tres días, nueve horas y 46 minutos. El estado de fuerza aumentó 54% y los C2 pasaron de cubrir dos municipios a los 11.
Pero para sostener bienestar se necesita economía.
En 2025 Quintana Roo recibió más de 28 millones de visitantes, generó una derrama superior a 18 mil millones de dólares y movilizó más de 31 millones de pasajeros. La inversión extranjera directa superó los mil millones de dólares.
El siguiente paso debe ser convertir esa potencia turística en diversificación. Turismo sí, pero acompañado de industria, logística, tecnología, agroindustria, economía digital, energía y servicios especializados. No sustituir el motor que tenemos, sino utilizarlo para encender otros.
Y para hacerlo necesitamos educación. Quintana Roo ya está entre los cinco estados con menor rezago educativo y alcanzó el primer lugar nacional en educación dual. Seis nuevos planteles de media superior, nuevas universidades y una mayor conexión entre escuela y empresa significan preparar hoy al trabajador que necesitará la economía que queremos construir mañana.
Hay otro número que pocas familias ven directamente, aunque todas terminan pagándolo: la deuda per cápita disminuyó 53%, no se contrató nueva deuda y Quintana Roo mejoró siete niveles en su calificación crediticia. Por segundo año consecutivo, la Cuenta Pública obtuvo cero observaciones de la Auditoría Superior de la Federación y el estado pasó del lugar 29 al segundo nacional en gobierno abierto.
Eso significa algo muy sencillo: mejores finanzas permiten que más recursos puedan convertirse en hospitales, escuelas, seguridad, infraestructura y política social.
Entonces, ¿sí se pudo?
Aquí están los números. Y los números no mienten: sí se pudo.
Más de 200 mil personas salieron de la pobreza; 491 mil reciben beneficios de programas sociales; 7.3 millones de desayunos llegaron a las escuelas; se otorgaron más de 1.6 millones de servicios médicos gratuitos; los homicidios dolosos disminuyeron más de 60%; llegaron más de 28 millones de visitantes; la derrama turística superó los 18 mil millones de dólares y la deuda per cápita se redujo 53%.
Pero quizá el resultado más importante no esté solamente en lo realizado, sino en la vara que queda puesta para el futuro.
Mara Lezama, la primera mujer en gobernar Quintana Roo, demostró que sí es posible gobernar buscando que el crecimiento económico termine convirtiéndose en bienestar social. Y cuando una administración demuestra que algo puede hacerse, cambia también la exigencia ciudadana: lo extraordinario comienza a convertirse en el nuevo mínimo esperado.
Por eso el desafío de los próximos gobiernos será todavía mayor. Ya no bastará administrar lo construido ni empezar nuevamente cada seis años. Tendrán que darle continuidad, mejorarlo, corregir lo que falte y superar los resultados.
Porque un buen gobierno no debería obligar al siguiente a comenzar de cero. Debería obligarlo a comenzar desde más arriba.
Mara Lezama puso la vara alta.
A quienes vengan después les corresponderá elevarla todavía más. Porque cuando los resultados llegan a la mesa, al hospital, a la escuela, a la seguridad y al bolsillo de las familias, dejan de ser solamente cifras de gobierno y se convierten en una nueva exigencia ciudadana.
El reto será dar continuidad, mejorar lo alcanzado y avanzar todavía más. Ya no se parte del mismo lugar ni será suficiente regresar a las mismas respuestas.
Quintana Roo cambió, la transformación echó raíces y nadie podrá detenerla.
Los números ya dieron su respuesta:
Sí se pudo.





