PERDIENDO EL PARAÍSO

Turista observando una playa afectada por sargazo en un desarrollo hotelero de Quintana Roo.

El Rugido del León
Por: Sergio León Cervantes

Mientras discutimos si el sargazo, los taxis o la promoción tienen la culpa, el turista está haciendo algo mucho más sencillo: está comprando otras vacaciones. Y ésa debería ser la verdadera alarma para Quintana Roo.

Por su dimensión, conectividad y vocación internacional, Quintana Roo no se puede comparar con otros destinos de México. Su competencia real está fuera del país: Punta Cana, Jamaica, Barbados y Puerto Rico. Y cuando nos medimos contra ellos, algo incomoda.

La ocupación hotelera de Quintana Roo pasó de 74.7% en 2024 a 71.3% en 2025. De enero a julio de 2026 volvió a caer: de 75.10% a 71.54%. Cancún perdió 2.33 puntos, Riviera Maya 4.63 y Tulum casi nueve. Mientras nosotros retrocedemos, República Dominicana reportó 8.63% más turistas entre enero y agosto de 2026. Jamaica demuestra que no todo el Caribe crece y que la competencia tampoco es invencible.

Entonces quizá estamos haciendo la pregunta equivocada. No deberíamos preguntar solamente por qué vienen menos turistas, sino ¿por qué están eligiendo al otro?

Investigamos las principales explicaciones. Sargazo: nuestros competidores también tienen. Seguridad: República Dominicana y Jamaica también enfrentan advertencias. Menor confianza del consumidor estadounidense: afecta al mismo viajero que decide entre Cancún y Punta Cana. Ninguna variable explica sola el problema. La amenaza está en la suma: menor valor percibido, conectividad, movilidad y cada vez más fricciones durante la experiencia.

Punta Cana entendió algo elemental: no necesita ser más barato; necesita sentirse más fácil. Avión, traslado, resort, todo incluido y playa. Quintana Roo puede ofrecer muchísimo más, pero también puede exigir más decisiones, traslados y gastos. En turismo, la facilidad también tiene valor.

Y aquí aparece nuestra contradicción. Tenemos 135,430 habitaciones y 71.2% están clasificadas cinco estrellas. Tenemos playas, cenotes, arrecifes, selva, cultura maya, arqueología, gastronomía, parques, lujo, bienestar, Bacalar y Sian Ka’an. No nos falta producto; nos está faltando convertirlo en valor.

Tenemos 135 mil habitaciones. El problema ya no es dónde meter al turista: es lograr que quiera venir, permanezca más noches y gaste más.

En 2027 debemos cambiar el tablero. Durante décadas medimos éxito contando turistas, pasajeros y cuartos. Ahora necesitamos medir cuánto deja cada visitante, cuánto permanece, cuánto consume, cuánto recomienda y cuántas veces regresa.

Eso significa recuperar conectividad mercado por mercado; simplificar migración, movilidad y llegada; transparentar el costo de vacacionar; y no crear una nueva carga al turista sin medir primero a nuestros competidores. Significa también convertir cultura maya, gastronomía, naturaleza, bienestar, turismo médico y experiencias comunitarias en productos internacionales que generen estadías y dinero.

El premio puede ser enorme. Si en 2027 recuperáramos 5% de turistas y eleváramos 7% el ingreso promedio por visitante, la derrama crecería alrededor de 12.4%. Sobre una base cercana a 18 mil millones de dólares, serían más de 2 mil millones de dólares adicionales. Es un escenario, no una promesa, pero dimensiona lo que estamos dejando sobre la mesa.

Quintana Roo no necesita otra campaña diciendo que tenemos playas extraordinarias. El mundo ya lo sabe. Necesitamos preguntarnos por qué, sabiéndolo, algunos están escogiendo otra playa.

En 2027 dejemos de contar turistas y empecemos a generar valor. Porque tener el mejor Caribe sirve de poco si el turista termina comprando el de enfrente.

¡Hasta la próxima semana, con nuevos retos y oportunidades!

Sin miedo a la cima, que el éxito ya lo tenemos.

X: @Oigres14 | IG: @sergioleoncervantes | Email: sergioleon@sergioleon.mx

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