Una joven que participó en Casa Mar, un proyecto vinculado públicamente con una comunidad de mujeres en Cancún, asegura que su relación con el espacio cambió conforme aumentaron las responsabilidades que asumía dentro de él.
Según su testimonio difundido públicamente, comenzó atraída por una propuesta relacionada con comunidad femenina, feminismo y sororidad, pero posteriormente terminó viviendo en el mismo inmueble desde donde operaba el proyecto y realizando actividades que, afirma, incluían limpieza, apertura y cierre del espacio, atención de mensajes y elaboración de publicaciones.
La joven sostiene que esas actividades también estaban acompañadas por horarios definidos, pero que no existía un pago fijo por realizarlas. Hasta ahora, esta descripción corresponde a su versión y no existe información pública suficiente para establecer de manera independiente qué tipo de relación laboral, económica o de colaboración existía entre las partes.
De colaborar con Casa Mar a vivir en el mismo espacio
El relato sitúa uno de los cambios más importantes cuando la colaboración dejó de limitarse a actividades dentro del proyecto.
La joven afirma que ella y su esposo comenzaron a vivir en la misma casa, cubriendo una parte de la renta, mientras otras integrantes y el proyecto asumían otras porciones del gasto. Con ello, según describe, comenzaron a mezclarse vivienda, convivencia personal y responsabilidades relacionadas con Casa Mar.
Casa Mar sí ha tenido presencia pública como Colectiva Casamar, vinculada con actividades y contenidos dirigidos a mujeres en Cancún. Meses antes de este testimonio, publicaciones relacionadas con el proyecto lo presentaban públicamente como una comunidad femenina.
Eso permite confirmar la existencia pública del proyecto, pero no acredita por sí mismo las condiciones internas relatadas por la exintegrante.

Horarios, limpieza y mensajes sin remuneración fija
La parte más concreta del testimonio está en las tareas.
La joven asegura que debía abrir y cerrar el espacio, limpiar, responder mensajes, preparar contenido para redes y mantener actividades operativas, además de cumplir determinados horarios. También afirma que, después de la salida de otra integrante, varias de esas responsabilidades se concentraron en ella.
Su versión sostiene que no recibía un sueldo fijo por estas actividades y que las reglas internas no se aplicaban de la misma manera a todas las participantes.
Con los documentos públicos disponibles no puede afirmarse que existiera formalmente una relación de trabajo subordinado, ni determinar condiciones contractuales, salarios o acuerdos económicos. Para establecerlo serían necesarios contratos, transferencias, conversaciones, testimonios adicionales u otra documentación.
El testimonio circula, pero todavía falta contraste público
La joven también relata que intentó reducir el tiempo dedicado al proyecto y establecer días específicos para continuar colaborando. Posteriormente decidió salir y, después de mantener su experiencia en privado durante un periodo, optó por hacerla pública.
En su publicación utiliza expresiones fuertes para describir lo vivido. Esas palabras pertenecen a su interpretación personal y no deben utilizarse como una clasificación comprobada de Casa Mar.





